domingo, 6 de septiembre de 2009

La Ofrenda

La Ofrenda
Es Mandamiento. 1 Cor. 16:1,2 "En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que or­dené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas".
La palabra "guardándolo" significa "atesorándolo". Esta palabra autoriza la tesorería de la iglesia. Cada iglesia debe recolectar dinero cada domingo; no debe haber colectas especiales ("para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas"). Es el único texto que explica cómo la iglesia junta dinero. Pero este dinero recolectado cada domingo se em­plea para toda obra de la iglesia. Por ejemplo, de estos fondos la iglesia de Fili­pos envió ayuda a Pablo (Filipenses 4:15,16). Pablo recibió salario de iglesias (2 Cor. 11:8). Pero la Biblia no habla de ofrenda en otro día; por lo tanto, sabemos por inferencia necesaria que la única ofrenda es la del primer día de la semana, y el dinero se usa para toda función bíblica de la congregación.
¿El Diezmo? Cristo no impone el diezmar sobre la iglesia. Los judíos pagaron el diezmo para sostener a los levi­tas (Núm. 18:21). El diezmo corresponde a los impuestos que pagamos al gobierno, porque en el judaísmo el gobierno civil era parte integral de la religión. Los levitas eran sacerdotes, maestros, jueces, ma­gistrados, cantores, porteros, etc.; ellos sirvieron en muchas capacidades reli­giosas y civiles.
Bajo la ley de Moisés la gente ofren­daba. Hay muchos textos en el Antiguo Testamento que hablan de varias clases de ofrendas, y eran voluntarias como las que hacemos nosotros.
Aunque la ley de Cristo no requiere un porcentaje fijo que debiéramos ofrendar, es importante recordar que todo cristiano sí ofrenda algún porcentaje de su sueldo o ganancia (10% ó 20% ó 5% ó 100%). Pero la Biblia no especifica cuánto, sólo que seamos generosos. Es importante que el cristiano considere bien cuánto da al Señor. ¿Sembramos escasa­mente o generosamente?
¿Cuánto Pues? Hay hermanos sin­ceros que preguntan con toda sinceridad "¿Cuánto debo ofrendar, pues?" Tenemos que responder con textos bíblicos, sin imponer opiniones humanas. Los sectarios exigen el diezmo y más, pero éstos van más allá de lo que está escrito.
"Según Haya Prosperado" (1 Cor. 16:2). Aquí está la ley de Dios: que cada cristiano haga su ofrenda "según haya prosperado". No quiere decir "según lo que le haya sobrado" después de comprar comida y ropa, y después de pagar deudas, etc. Significa lo que hayamos recibido de sueldo o como ganancia de nuestro nego­cio. Debemos dar según Dios nos haya prosperado, y no según lo que nos haya quedado después de todos los gastos.
"Conforme A Lo Que Tengáis" (2 Cor. 8:11). Dice Pablo "si primero hay la voluntad dispuesta, será acepta según lo que uno tiene". Hech. 11:29 dice, "los dis­cípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los her­manos que habitaban en Judea". Pero Dios alaba a los que dan más allá de sus fuerzas: Mar. 12:41-44, la viuda que "echó más que todos" porque "de su pobreza echó todo lo que tenía"; Jn. 12:3 María ungió a Jesús con un perfume que valía el salario de casi un año entero (Mar. 14:5, el denario era el
salario de un día de tra­bajo); Hech. 4:34,35 "todos los que poseían heredades casas, las vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad". 2 Cor. 8:4 "han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas".
Dar Como Propuso. Otro pen­samiento clave para que la ofrenda sea aceptable a Dios es que "cada uno dé como propuso en su corazón" (2 Cor. 9:7); es decir, decidir en su corazón qué canti­dad o qué porcentaje de lo que reciba dará al Señor. Una causa principal de la falta de ofrendar de muchos hermanos es que ellos simplemente no proponen dar. Van al culto sin
haber propuesto dar según Dios les haya prosperado, y dan cualquier cosa que hallen en su bolsa o bolsillo. La palabra "proponer" significa "tener intención de hacer alguna cosa". Si algún hermano llega al culto sin "tener intención" de antemano de ofrendar correctamente, desde luego no lo hará. Desde el día en que se recibe el sueldo (o la ganancia de la cosecha, de la empresa del negocio que sea) uno debe proponer ofrendar con mucha grati­tud al Señor.
El proponer con respecto a ofrendar es como el proponer de pagar el alquiler de una casa, o de hacer los pagos men­suales de alguna compra. Es cuestión de hacer las cosas decentemente y con orden, y de ser cumplidos, siempre dando primer lugar al Señor.
Escasamente, Generosamente. "El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosa­mente, generosamente también segará" (2
Cor. 9:6). El sembrador siembra ge­nerosamente, porque quiere cosecha abundante.
Pero muchos hermanos no aprenden esta lección con respecto a la ofrenda. Para muchos la ofrenda es una limosna, una propina, el billete o la mo­neda que por casualidad tenga en su poder en el momento de recolectar la ofrenda, que ni se echará de menos cuando se da. Hay iglesias grandes que dan ofrendas bien raquíticas, simplemente porque no han sido enseñadas a ofrendar bíblicamente. Convencemos a los secta­rios del error del diezmo, y se bautizan en la iglesia de Cristo creyendo que la ofrenda no es importante, que en cuanto a lo monetario no les cuesta nada ser cris­tianos.
La Gracia De Ofrendar
En 2 Cor. 8:1,7 Pablo habla de la "gracia" de ofrendar. Dice que es un gran "privilegio" (v. 4). Los hermanos macedo­nios eran muy pobres y afligidos ("en grande prueba de tribulación...su pro­funda pobreza") pero no querían ser ex­cluidos de esta bendición. Los hermanos pobres no deben ser excluidos de la par­ticipación en los demás actos de culto: los
himnos, las oraciones, el estudio, la cena. Tampoco deben ser excluidos del privilegio de ofrendar. Es una gran bendi­ción de Dios ofrendar. Dios nos permite depositar el dinero en el banco del cielo (Mat. 6:19,20). Los que pueden ofrendar y no quieren hacerlo se roban a sí mismos.
Dios proveerá y multiplicará. "Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra se­mentera, y aumentará los frutos de vues­tra justicia" (2 Cor. 9:10). Dios no es po­bre; él no pide ofrenda por ser pobre y necesitado. El pide ofrenda porque nos quiere bendecir a nosotros. No estamos llenando la canasta de Dios, sino él está llenando la canasta nuestra. "Porque mía es toda bestia del bosque, y los millares de animales en los collados...Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su
plenitud" (Sal. 50:10,12); "Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos" (1 Crón. 29:14).
El profeta Eliseo dijo a la viuda pobre que mandara traer muchas vasijas vacías, porque Dios iba a llenarlas para que ella pudiera pagar a sus acreedores y salvar a su hijos. De su vasija de aceite ella siguió echando hasta llenar todas las vasijas prestadas. Ella misma puso límite a la provisión de Dios; él siguió derramando bendición sobre ella; Eliseo dijo,
"Tráeme aún otras vasijas". Dijo el hijo, "No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite". Así nosotros ponemos límites sobre las bendi­ciones de Dios; nos robamos solos por no haber aprendido la gracia de ofrendar.
Sacrificar con gozo. Pablo habla de "la abundancia de su gozo" (2 Cor. 8:2). Los macedonios eran dadores alegres (2 Cor. 9:7, "porque Dios ama al dado alegre"). Si no podemos dar con gozo, nuestra ofrenda no se acepta: "no por tristeza, ni por necesidad" (2 Cor. 9:7). El pueblo de Israel hizo una gran ofrenda para el servi­cio de la casa de Dios "Y se alegró el pueblo por haber contribuido voluntaria­mente; porque de todo corazón ofrecieron a Jehová voluntariamente" (1 Crón. 29:7-9). También en Nehemías 12:43 "sacrificaron
aquel día numerosas vícti­mas, y se regocijaron, porque Dios los había recreado con grande con­tentamiento; se alegraron también las mujeres y los niños; y el alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos". Los padres de familia entienden esto. Hacen grandes sacrificios por sus
hijos, pero lo hacen con gozo. ¿Por qué? ¿Cómo es que la gente puede hacer sacrificios, y hacerlos con gozo? Es fácil contestar esta pregunta. Con gran gozo hacemos sacrificios por los que amamos. Dios espera que sus hijos hagan sacrificios por él, pero sólo si los pueden hacer con gozo. Porque de otro modo, si no hay amor, si no somos dadores alegres, si no tenemos la actitud de los macedonios, entonces es mejor no ofrendar nada. Dios no lo acepta.
El ejemplo perfecto del sacrificio con gozo es el de Jesús: "el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios" (Heb. 12:2).
El Uso De La Ofrenda
La ofrenda no puede recolectarse según la sabiduría humana, y la ofrenda no puede administrarse según la sabiduría humana. La Biblia ha hablado claramente sobre este asunto. Dice Pablo "En cuanto a la ofrenda para los santos" (1 Cor. 16:1). La ofrenda no es para la benevolencia general. No es para inconversos. "Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a
los santos" (Rom. 15:25); "este servicio para los santos" (2 Cor. 8:4); "Cuanto a la mi­nistración para los santos" (2 Cor. 9:1).Pero ¿no dice 2 Cor. 9:13 que la contribu­ción es para "todos"? Sí, pero la palabra "contribución" es la palabra "koinonía" que significa "comunión". Es la misma palabra que se usa con respecto a la cena del Señor (1 Cor.
10:16-20). La ofrenda para los santos pobres es comunión con ellos; por lo tanto, en 2 Cor. 9:13 "ellos" se refiere a los santos de Jerusalén, y "todos" se refiere a los santos de otros lugares.
El dinero se lleva o se envía directa­mente a los recipientes. Pablo explica a los corintios que cada iglesia debería escoger su propio mensajero para llevar su dinero a los santos de Jerusalén (1 Cor. 16:3,4; 2 Cor. 8:18-23). No había nada de "iglesia patrocinadora" que sirviera de agente para iglesias.
El dinero de la ofrenda nunca se usó para establecer escuelas, clínicas, asilos para niños y ancianos, etc. Las iglesias de Cristo del primer siglo nunca estableció ninguna institución para hacer la obra de la iglesia.
Honradamente. "Evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda...procurando hacer las cosas hon­radamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres" (2 Cor. 8:20,21). Es indispensable que cada con­gregación tenga esta actitud concerniente a la ofrenda.
Desde el momento en que la ofrenda se recolecta debemos usar toda discreción. Cuando se hace la ofrenda, el dinero debe estar sobre la mesa en plena vista de to­dos. Inmediatamente después del culto, dos hermanos varones (no las hermanas, y no los niños o jóvenes, sino dos varones) deben contar el dinero, apuntar la canti­dad en un libro de apuntes especial para esto, y también en la pizarra (o en una hoja de papel en la tabla de anuncios); entonces, hacer todo lo posible para que el dinero sea depositado -- cuanto antes -- en el banco. Hay muchos lugares (mayormente rurales) en los cuales esto no es posible; pero en muchos lugares sí es posible y debe hacerse porque evita mucha "censura".
Lo que se dice aquí es para la protec­ción de los mismos hermanos que se encargan de contar y manejar el dinero, y es para que no haya problemas en la iglesia. El asunto del dinero de la ofrenda siempre es asunto delicado, y debe tratarse con todo respeto y seriedad. Además, si hacemos todo honradamente, los miembros estarán más animados para ofrendar.
Si no hay ancianos (Hech. 14:23; Tito 1:5), entonces en una junta ordenada los varones fieles y responsables deben de­cidir, de acuerdo a la enseñanza bíblica, cómo administrar la ofrenda, y deben dar un reporte adecuado, verbalmente y por escrito, a la iglesia. Esto evita muchos problemas (quejas, murmuraciones, críti­cas) y escándalos en la congregación.
Motivación para ofrendar. Tenemos que ser muy prácticos. Pablo habló de una necesidad específica. Hoy en día toda igle­sia puede hablar de necesidades específi­cas: se requiere dinero para el alquiler del local (o para construir); se necesitan him­narios; se necesitan Biblias y literatura; habrá hermanos necesitados (si no hay en la congregación de la cual somos miembros, habrá en otras congrega­ciones); y hay algo que se descuida mu­cho: la
iglesia debe ayudar con el salario o por lo menos con los gastos de los evangelistas que llevan el evangelio a otras partes.
¡Es sumamente importante la ofrenda!

ANTES DE PARTICIPAR DE LA CENA DEL SEÑOR

ANTES DE PARTICIPAR DE LA CENA DEL SEÑOR
MATEO 27:26-36
MARCOS 15:21-32
LUCAS 23:32-43
JUAN 19:17-30
ISAIAS 53:3-10
Desde luego conviene leer Mateo 26:26-28 y textos paralelos sobre la institución de la cena del Señor;
También conviene leer Hech. 20:7; 11:23-30. Pero participamos de la cena para recordar la muerte de Cristo, y ¿qué nos puede ayudar a recordarla mejor que la lectura de los textos que la describen?
AL ORAR DEBEMOS DAR GRACIAS POR EL PAN “QUE ES LA COMUNION DEL CUERPO DE CRISTO”, 1 Cor. 10:16.
Y DAR GRACIAS POR LA COPA “QUE ES LA COMUNION DE LA SANGRE DE CRISTO”, 1 Cor. 10:16.
DECIR “BENDICE ESTE PAN” Y “BENDICE ESTA COPA” NO ES DAR GRACIAS POR EL PAN Y POR LA COPA.
DECIR “GRACIAS POR EL PRIVILEGIO O POR LA OPORTUNIDAD DE PARTICIPAR” NO ES DAR GRACIAS POR EL PAN Y POR LA COPA.

La Cena Del Señor

La Cena Del Señor
La "cena del Señor" (1 Corintios 11:20) es un acto solemne de adoración en la que los cristianos conmemoramos el supremo sacrificio de Jesús. Pablo dice que Jesús dijo, "haced esto en memoria de mí" (1 Cor. 11:24).
Varios Memoriales En La Biblia
1. La pascua, Éxodo 12:26,27.
2. La fiesta de cabañas, Lev. 23:42,43.
3. Guardar el sábado, Deut. 5:15.
4. Los altares, Éxodo 17:13-16.
5. Levantar piedras, Josué 4:5-7.
Hay monumentos, estatuas, días fes­tivos, fiestas y otras cosas que sirven para recordarnos de eventos y personajes im­portantes. Así también la cena del Señor fue establecida para recordarnos cada primer día de la semana de la muerte de Jesús en "un lugar llamado Gólgota" (Mateo 27:33). Es un acto conmemora­tivo: ni más ni menos, pero es de mucha
importancia.
"La muerte del Señor anunciáis hasta que él venga" (1 Cor. 11:26). Al participar de la cena recordamos y anunciamos su muerte y al mismo tiempo proclamamos que él volverá otra vez "sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan" (Heb. 9:28).
La Institución De La Cena Del Señor
¿Cuándo la instituyó? "la noche que fue entregado" (1 Cor. 11:23). Fue la noche cuando comió la última pascua con sus discípulos (Mat. 26:17-20).
Dos Elementos. Hay dos cosas que componen la cena: el pan sin levadura ("la fiesta de los panes sin levadura", Mat. 26:17), y el fruto de la vid (jugo de uva). Se usó pan sin levadura porque la levadura simboliza la inmundicia (1 Cor. 5:6-8). El "fruto de la vid" no se llama "vino" en ningún texto. Es verdad que "vino" significa tanto el jugo de uva, como el vino intoxicante; pero la palabra no se usa nunca con respecto a la cena del Señor. Debemos hablar como la Biblia habla y decir "fruto de la vid" y evitar la palabra "vino".
"Bendijo". ¿Qué hizo cuando "bendijo" el pan? Luc. 22:19 "Y tomó el pan y dio gracias". Bendecir el pan es sim­plemente dar gracias por él.
Esto Es Mi Cuerpo...sangre. Es lenguaje figurado. Gén. 41:26 dice "las siete vacas hermosas siete años son"; Dan. 7:23 ("La cuarta bestia será un cuarto reino"); Dan. 8:21 ("El macho cabrío es el rey de Grecia"); 1 Cor. 10:4 ("la roca era Cristo"); Gál. 4:24 ("estas mujeres son los dos pactos"). En la Biblia las palabras "es" y "son" significan a veces "representar" o "simbolizar". Jesús todavía no había dado su vida en la cruz cuando dijo esto.
El pan y la copa no pudieron ser, literalmente, su cuerpo y sangre.
La cena no es "sacramento" (palabra que ni es bíblica). No es una "misa". No es para perdón de pecados. Es simplemente un recordatorio.
La Copa. La palabra "copa" se usa figuradamente y significa "fruto de la vid", el líquido, el contenido, y no el vaso mismo: "habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros"; la "copa" se reparte (Luc. 22:17); "La copa de bendición que ben­decimos", el fruto de la vid, no el reci­piente (1 Cor. 10:16); "No podéis beber la copa del
Señor"; la copa se bebe (1 Cor. 10:21); "bebiereis esta copa" (1 Cor. 11:26). Es error grande enseñar que el re­cipiente tiene significado, y que hay tres elementos que tienen simbolismo (pan, fruto de la vid, recipiente o vaso que con­tiene el fruto de la vid). La palabra "copa" se usa figuradamente otra vez en Mat. 26:39. La palabra "mesa" (1 Cor. 10:21) no se refiere a una mesa de madera, sino se usa figuradamente y se refiere a la cena del Señor.
El texto no dice "tomando la copa que contenía el fruto de la vid y dio gracias por ellos". La copa es el fruto de la vid. No para remisión de pecados. Dice Cristo "esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados" (Mat. 26:28).
La sangre de Cristo fue derramada para remisión de los pecados, y el fruto de la vid simboliza esta sangre. Pero no comemos la cena del Señor para remisión de pecados. Algunos creen que deben ayunar y confesar peca­dos para poder tomar la cena, creyendo que este acto es para obtener el perdón de los pecados. Para todo acto de culto debemos acercarnos a Dios con limpieza de vida y con reverencia ("levantando manos santas", 1 Tim. 2:8); pero la cena del Señor es simplemente un recordatorio, ni más ni menos. En este acto conmemo­ramos la muerte de Cristo.
"No beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre". El reino se estableció el día de Pentecostés, Cristo ya ocupó su trono a la diestra de Dios (Hechos 2:30-33). Cristo cena con nosotros (Apoc. 3:20) en su reino que es su iglesia.
"Mi sangre del nuevo pacto". La sangre de Cristo, simbolizada por el fruto de la vid en la cena del Señor, confirmó el nuevo pacto o el nuevo testamento. Al tomar la cena manifestamos que estamos bajo el nuevo pacto.
Dice Heb. 9:17-20, "Porque el testa­mento con la muerte es confirmada; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os
ha mandado".
El Antiguo Testamento fue confir­mado con la sangre de animales, pero el Nuevo Testamento fue confirmado con la sangre de Cristo.
Los que enseñan que debemos diez­mar, tocar instrumentos de música en el culto, guardar el sábado, quemar incienso, tener sacerdotes especiales, buscar un reino terrenal, etc. están en error porque menosprecian el pacto sellado con la san­gre de Cristo, y prefieren el pacto sellado con sangre de animales.
Comunión de la sangre, del cuerpo. Dice Pablo (1 Cor. 10:16) "La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?" La palabra "comunión" significa "participación". Dice el
ver. 21 "No podéis participar de la mesa del Señor, y de la mesa de los demonios".
Los hermanos que se encargan de la mesa del Señor deben explicar que al participar de la cena del Señor, partici­pamos de los beneficios del sacrificio de Cristo, y nos identificamos como miem­bros de su cuerpo. Siendo partícipes de su mesa, tenemos que abandonar toda par­ticipación de la mesa del pecado. No podemos comer de dos mesas.
No tomar indignamente. "Cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor
indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí" (1 Cor. 11:27-29).
Existe una práctica común en la igle­sia de no tomar la cena los que se sienten indignos de participar. Están conscientes de problemas en la vida, debilidades, tropiezos, etc. y se sienten indignos, y no quieren comer y beber juicio para sí mis­mos. No quieren agregar otro mal o incu­rrir en más transgresión.
Desde luego, debemos arrepentirnos de todo pecado, confesando especificadamente los pecados de los que estamos conscientes, y también pedir perdón por los pecados que hayamos cometido de los cuales no estamos con­scientes. Dice Pablo que "aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy jus­tificado; pero el que me juzga es el Señor" (1 Cor. 4:4).
Pero la necesidad del arrepen­timiento, de la confesión de pecado y de pedir perdón no se relaciona en forma es­pecial con el participar de la cena del Señor. Si no somos dignos de tomar la cena, tampoco lo somos para cantar himnos, orar, y ofrendar. Pero hay her­manos que asisten al culto el domingo para cantar, orar, ofrendar y oír la Pa­labra, pero rehúsan tomar la cena, pensando que son "indignos" de hacerlo. Estos entienden mal la enseñanza de
Pablo.
Para entenderla bien debemos leer 1 Cor. 11:20-22. Dice Pablo, "Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo".
Los corintios convirtieron la cena del Señor en una fiesta común, menospreciaron a los hermanos pobres, y aun se embriagaron. La conducta de ellos era escandalosa. En tal ambiente no era posible tomar la cena del Señor. El mismo contexto describe cómo se puede tomar "indignamente" la cena del Señor. La práctica de ellos no tenía nada que ver con "discernir el cuerpo del Señor", sino que comían y bebían juicio (condenación) para sí mismos.
Había disensiones entre ellos. Se juntaban para dividirse en grupos. No practicaban "comunión" sino "separación". Y no se reunían para discernir el cuerpo y la sangre de Cristo, sino para llenar sus es­tómagos.
Nosotros podemos caer en este error si hay desorden en la iglesia. Los miembros que no son reverentes y no con­centran la atención en el sacrificio de Cristo cometen este error. Si estamos dis­traídos, si hay personas entrando y saliendo o causando estorbos, podemos caer bajo la misma denuncia de Pablo. Pero Pablo no dice "El que come y bebe sin ser digno", sino "el que come y bebe indignamente". Todo cristiano sincero está consciente de sus flaquezas, y sabe que es indigno del Señor, pero si uno no es digno de tomar la cena, tampoco es digno de orar, cantar y ofrendar. La cena no es ninguna clase de "sacramento", y no es para la remisión de pecados. Aunque es un acto solemne, es simplemente un sen­cillo acto para conmemorar la muerte de Cristo.
¿A Quién Servir La Cena?
No es correcto que los hermanos en­cargados de pasar el pan y el fruto de la vid escojan a quién servir y a quién no. Ellos no son jueces de las vidas y los cora­zones de la gente. Los servicios son públi­cos. Según 1 Cor. 14:23 puede haber visi­tantes. Si éstos quieren cantar, orar, par­ticipar en el estudio u ofrendar, no les prohibimos. Si quieren participar de la cena, no deben ser prohibidos. Los her­manos que reparten Biblias, himnarios, la canasta de la ofrenda o la cena del Señor no tienen que sentirse responsables del servicio que los visitantes (o hermanos in­fieles) ofrezcan a Dios. Debemos enseñar y luego dejar el asunto en las manos de ellos y su Dios.
¿Cuándo Tomar La Cena?
Dice Pablo en 1 Cor. 11:26, "todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa" sin especificar el tiempo para hacerlo. De este texto muchos han con­cluido que la iglesia misma puede decidir en cuanto al tiempo y frecuencia para tomar la cena. Algunos grupos la celebran cada mes, otros cada año. Pero Pablo no da tal libertad en este texto; él dice "todas las veces" para dar énfasis a la necesidad de siempre tomarla en manera correcta.
Hay un solo texto en la Biblia que nos dice cuándo tomar la cena: Hechos 20:7 ("El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les en­señaba"). Este texto contesta la pregunta, "¿Cuándo debemos tomar la cena?" En este texto aprendemos cuál fue la práctica establecida por los apóstoles inspirados como embajadores de Cristo. No hay otro texto que autorice otro día para tomar la cena. El primer día de la semana queda autorizado por el ejemplo apostólico; no hay otro texto que autorice otro día.
Es cuestión de escoger entre el ejem­plo apostólico que nos da autorización bíblica, o la opinión humana (la tradición de las iglesias).
Dos Reuniones El Domingo
Muchas iglesias se reúnen dos veces el domingo, y surge la pregunta: ¿se puede servir la cena dos veces? Es apropiado que haya dos servicios en el día del Señor. Lo ideal es que todos los miembros estén presentes en un servicio para tomar la cena todos juntos. Debemos dar mucho énfasis a esto, y animar a todos los miem­bros a esforzarse a asistir. Los que
se ausentan por la desidia y negligencia deben ser exhortados.
Pero frecuentemente hay miembros que por causas mayores simplemente no pueden estar en las dos reuniones. Con­viene que los que puedan asistir por la mañana tomen la cena por la mañana, y luego si hay hermanos que no pueden asistir a la reunión de la mañana pero sí pueden asistir en la tarde, ellos deben tomar la cena por la tarde.
De esta manera todos participan de la cena el primer día de la semana, como la Biblia enseña, y lo hacen en la iglesia, que es el lugar especificado por la Biblia (la cena no debe llevarse a los enfermos en el hogar; se toma en la asamblea según la Biblia). Los miembros que sólo pueden asistir en la tarde tienen el derecho de participar de la cena, y no conviene re­husársela.
Lectura Bíblica Antes De Tomar La Cena
Muchas veces los hermanos encarga­dos de la mesa del Señor leen textos apropiados. Frecuentemente se leen Mat. 26:26-28; Hechos 20:7; y 1 Cor. 11:23-27. Es muy recomendable que también se lean textos que narran los detalles de los sufrimientos y la muerte de Cristo (por ejemplo: Mat. 27:32-50; Mar. 15:21-41; Luc. 23:13-49; Juan 19:17-30; y hay mu­chos otros muy apropiados como Isa. 53; 1 Ped. 2:21-25, etc.).
Es decir, que no leamos solamente los textos que hablan de la institución de la cena, y los que dan el mandamiento, sino textos que nos ayudan a concentrarnos en el evento mismo que está simbolizado por la cena.
Dice Hech. 20:7 "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba". Sin lu­gar a dudas, esta parte del culto es muy importante. Merece la atención cuidadosa de cada miembro. Los que predican, en­señan y se encargan de servir la mesa deben prepararse bien para que este acto reciba la importancia que merece -- para la gloria de Dios, y para la edificación de la iglesia. Al orar deben dirigirse a Dios -- y no
decir "tu cuerpo", sino el cuerpo de Cristo. Según el orden bíblico, debemos dar gracias por el pan y repartirlo, y luego dar gracias por el fruto de la vid y repar­tirlo.
¡Que el Señor bendiga a sus hijos en la participación correcta y digna (en manera digna) de la cena del Señor!

MÚSICA INSTRUMENTAL EN EL CULTO

Origen del uso de instrumentos. “El Papa Vitaliano introdujo instrumentos en las iglesias de Europa en el año 670 d. de J. C.” y todas las iglesias de origen humano han seguido el ejemplo católico.

EEUU: Asesinan y crucifican a una pastora protestante en su iglesia de Oklahoma


OKLAHOMA, 04/09/2009 (EFE, Qué / ACPress.net)
El brutal asesinato de una pastora protestante dentro de su propia iglesia ha conducido a las autoridades de Oklahoma a alertar a toda la zona ante la posibilidad de que se trate de un asesino que actúe contra líderes religiosos, informaron los medios locales.
Las autoridades de Anadarko, un pequeño pueblo situado en Oklahoma, definieron como "escalofriante" el estado en el que el pasado domingo 30 de agosto encontraron a la reverenda evangélica afroamericana Carol Daniels, de 61 años, que apareció muerta detrás del altar de su propia iglesia. El misterio rodea la muerte de Daniels, ya que se produjo en plena mañana, mientras preparaba la predicación del domingo. Daniels pastoreaba una iglesia en una zona marginal y socialmente desfavorecida de Anadarko. A la espera de que la policía estatal estudie el material grabado en las cámaras de vigilancia de la iglesia, se ha conocido que Daniels murió por "múltiples heridas profundas con objetos afilados", con cortes a la altura de la garganta, el pecho, las manos y la espalda. La policía que investiga este horrible suceso la encontró colgada en posición de crucificada, con el pelo quemado y desnuda según el informe médico oficial. Además el asesino roció con spray todo su cuerpo para, probablemente, intentar eliminar cualquier rastro de su ADN que pudiese identificarle. Dada la gravedad del caso, la policía de Oklahoma ha pedido ayuda a los expertos del FBI para investigar el asesinato. TEMOR DE ASESINATOS EN SERIE El fiscal del distrito, Bret Burns mantuvo una reunión a puerta cerrada con una treintena de pastores de la localidad para advertirles de que deben "tomar precauciones en sus respectivas iglesias", según afirma el diario The Oklahoman. "Los hechos ocurridos el domingo requerían informar a los líderes de las iglesias locales, para que entiendan la situación y permanezcan vigilantes", dijo Burns sobre la reunión, a la que también asistieron el sheriff de la localidad y varios miembros de la policía estatal. Todo lo ocurrido ha incrementado la alarma entre muchos de los pastores de la zona hasta el punto de negarse a hacer declaraciones o comparecer ante la prensa.

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