domingo, 8 de mayo de 2011

El robot que escribe la Biblia con letra de monja


El robot KR16, de fabricación alemana y probado en Sevilla, empezó esta semana con la tarea de escribir la Biblia, a pluma y en cuidada caligrafía medieval, ante la puerta de la catedral de Tréveris (oeste de Alemania).


Va a necesitar un kilómetro de papel, con un ancho de 63 centímetros, y apenas un litro de tinta para tan gran cometidoLa mano firme del robot, apuntalado en un contenedor industrial de siete metros de largo a modo de escaparate, inició lo que se perfila como un largo trabajo de 11 meses de duración, las 24 horas del día, bajo la supervisión del equipo técnico y artístico formado por Matthias Gommel, Martina Haitz y Jan Zappe.

"Va a necesitar un kilómetro de papel, con un ancho de 63 centímetros, y apenas un litro de tinta para tan gran cometido", explicó Gommel, ante el inicio de su experimental escritura del texto sagrado.

La tinta es un elemento "de rendimiento extraordinariamente alto", recordó el artista, acorde con el espíritu "ahorrador de los conventos", ahora recuperado para una experiencia artística que pretende hacer congeniar lo medieval con la tecnología moderna. "Nuestro KR16 es un robot de serie, generalmente utilizado para el montaje de automóviles, que nosotros hemos adaptado para reproducir la caligrafía propia de las monjas de los conventos", añadió Gommel.

Se trata de un robot con un amplio rodaje a sus espaldas, puesto que ejerció ya funciones bíblicas similares en Sevilla, en 2008, durante la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo (BIACS3). "Fue una experiencia en formato económico, para los 100 días de vida de la bienal de Sevilla, pero con el privilegio de desarrollarla desde la Cartuja, junto a su histórica capilla", recordaba tres años después el artista alemán.

Ahora, la idea es trasladar esa misma experiencia a Tréveris, la catedral de la diócesis más antigua de Alemania, donde el grupo presentó el proyecto, con aprobación del obispado, en 2007. El trío de artistas formado por Gommel, Haitz (ambos nacidos en 1970) y Zappe (en 1969), aglutinados bajo el proyecto bautizado como Robotlab, lleva años ejercitándose en la escritura bíblica robotizada.

El estreno de la operación en Tréveris coincide con la apertura este viernes del llamado Heilig-Rock-Fest, un festival preparatorio para el gran año procesional de Tréveris, en 2012, en que se exhibirá la llamada Túnica Sagrada o Túnica Inconsútil de Jesucristo. La Biblia del KR16 debe estar acabada el 13 de abril de 2012, día en que se abrirá la peregrinación a Tréveris. Durante el mes siguiente se espera que acudan a la ciudad alemana un millón de peregrinos.

Se trata de una gran cita para el mundo católico, tras las últimas peregrinaciones de 1959 y 1966 y teniendo en cuenta, además, que el próximo año se cumplen 500 de la primera exposición de esa Túnica. La pieza se conserva habitualmente en la catedral, preservada del público y en lugar convenientemente acondicionado, de manera que cada una de sus contadas exhibiciones concentra a gran número de peregrinos. Gommel y los suyos quieren tener su biblia a punto para esa cita, lo que será la culminación de su experiencia artística iniciada en el Centro de Arte y Tecnología Mediática de Karlsruhe, en el 2000, continuada en Sevilla, luego en Portugal y ahora amplificada para Tréveris.

Durante los once meses de elaboración, el trabajo del KR16 podrá ser seguido por el visitante que se acerque a su contenedor, ante la catedral de Tréveris, para lo que se ha dispuesto de una cámara que "acercará" la caligrafía al público. Terminado el proceso de escritura, se procederá a editarla, de acuerdo a la Biblia depositada a los archivos de Tréveris, para dejarla expuesta como tal en el Museo Diocesano de la ciudad, a partir de 2013.

jueves, 28 de abril de 2011

El conocido pastor David Wilkerson fallece en un accidente de tráfico en Texas


(EEUU, jueves 28/04/2011) El pastor y evangelista, David Wilkerson, autor del famoso libro "La Cruz y el Puñal" murió este miércoles en un accidente de tráfico en Texas. Tenía 79 años.

El Reverendo Wilkerson, fue pastor fundador de la Iglesia Times Square en Nueva York, y de la organización Teen Challenge (Desafío Juvenil).

"Con profunda tristeza debemos informarles el repentino fallecimiento del Reverendo David Wilkerson, nuestro pastor fundador," dijo el pastor de la Iglesia Times Square, Carter Conlon, en un comunicado en el sitio web de la congregación.

Al pastor le sobreviven su esposa, cuatro hijos y 11 nietos.

Detalles del Accidente

Al parecer, Wilkerson conducía en dirección este en la carretera U.S. 175 de Texas y se movió al carril contrario, por causas desconocidas, mientras un camión se dirigía al oeste. El conductor del camión vio el vehículo y trató de esquivarlo, pero aún así colisionó de frente, según el policía Eric Long.

Su esposa Gwen, que ocupaba el asiento del copiloto, fue trasladada de emergencia al hospital, junto con el conductor del camión. Wilkerson fue declarado muerto en el lugar.

Según el Departamento de Seguridad Pública de Texas, Wilkerson, a diferencia de su esposa, no llevaba puesto el cinturón de seguridad.

Últimas palabras

Wilkerson había publicado una entrada en su blog, la misma mañana del accidente. En la publicación, titulada, "Cuando Fallan Todos los Medios", animaba a aquellos que enfrentan dificultades a mantenerse firmes en la fe.

"Aquellos que atraviesan el valle de sombra de muerte, escuchen esta palabra: El llanto durará por algunas noches oscuras y horribles, y en esa oscuridad usted de pronto escuchará al Padre decir, 'Estoy contigo'", escribió Wilkerson. "Amados, Dios nunca ha fallado en actuar en bondad y amor. Cuando fallan todos los medios - su amor prevalece. Aférrense a su fe. Aférrense a su Palabra. No hay alguna otra esperanza en este mundo", agregó.

Lea la última entrada en el Blog del Rev. Wilkerson aquí (en castellano)

Vida y Ministerio

Wilkerson fue el segundo hijo de una familia de cristianos pentecostales. Fue criado en Barnesboro, Pensilvania, en una casa "llena de Biblias". Comenzó a predicar a los 14 años.

Después de la secundaria, Wilkerson ingresó al Instituto Bíblico Central de las Asambleas de Dios donde estudió durante dos años.

En 1953 contrajo matrimonio con Gwen Wilkerson y empezó a predicar como Pastor junto con su esposa, en pequeñas iglesias en las zonas rurales de Scottdale y Philipsburg, Pensilvania.

Más tarde, en 1957, leyó en la revista Times una historia acerca de un niño afectado de poliomielitis que fue asesinado por miembros de pandillas en Nueva York. En febrero de 1958 decidió trasladarse a Nueva York para ayudar y predicar el Evangelio a miembros de bandas delictivas y adictos a las drogas.

El 22 de Septiembre de 1971 fundó la Organización Teen Challenge (Desafío Juvenil).

En “La Cruz y el puñal”, Wilkerson escribió sobre sus primeros años en la ciudad de Nueva York, ayudando a drogadictos y pandilleros. El libro, escrito en 1963, se convirtió en un best-seller y fue llevado al cine. El papel de Wilkerson fue interpretado por el cantante Pat Boone, mientras que el de Nicky Cruz, uno de los primeros jóvenes pandilleros recuperados por Wilkerson –posteriormente convertido en un conocido predicador evangelista- lo protagonizó el actor Erik Estrada (uno de los policías de la serie Chips).

En 1987 fundó la Iglesia de Times Square, en Nueva York, una congregación protestante independiente situada en un área de Manhattan frecuentada por prostitutas, fugitivos, adictos a las drogas, indigentes y estafadores, y rodeada de clubes nocturnos con shows en vivo y salas de cine para adultos. El pastor David Wilkerson la fundó, según sus propias palabras, para ayudar espiritualmente a todas esas personas que estaban necesitadas de Dios.

domingo, 17 de abril de 2011

martes, 8 de marzo de 2011

Texas quiere obligar a las mujeres a escuchar el corazón del bebé antes de abortar


El Gobernador de Texas, Rick Perry, tiene ante sí la decisión de promulgar una propuesta de ley aprobada por el Congreso estatal que exige que las mujeres que vayan a abortar se sometan a ultrasonidos y escuchen el corazón del bebé antes del procedimiento.

Grupos pro-abortistas ya han anunciado para este martes manifestaciones en todo el estado contra la medida, aprobada el lunes por el Congreso estatal por 107 votos a favor frente a 42 en contra.

"Es un momento definitorio en los derechos reproductivos, no sólo en Texas, en todo el país", afirmó la organización Planned Parenthood (Planificación Familiar) de Texas en su llamamiento a salir a la calle a manifestarse.

Perry, sin embargo, celebró la aprobación de la ley por parte del Congreso de Texas ya que, dijo, "reafirma nuestros esfuerzos para proteger la vida y asegura que todos los tejanos estén totalmente informados cuando consideren tomar una decisión de tanta importancia".

"La decisión para escoger la vida se vuelve más clara cuando la persona tiene acceso a toda la información, espero con impaciencia que esta importante ley llegue a mi despacho", explicó Perry en una reciente nota de prensa.

La iniciativa de ley exige que todas las mujeres que quieran abortar, incluso las víctimas de una violación, deban someterse a ultrasonidos 24 horas antes del aborto y vean los resultados.

La última versión aprobada por la Cámara de Representantes es más exigente que la previamente ratificada por el Senado, ya que no plantea excepciones y retira la licencia médica a aquellos médicos que no realicen el ultrasonido antes de practicar el aborto.

El autor de la proposición de ley, el republicano Sid Miller, explicó que si las mujeres que van a abortar no quieren ver los resultados del sonograma pueden mirar para otro lado o utilizar auriculares para evitar escuchar el latido del corazón.

Por su parte, el miembro de la Cámara de Representantes por Houston, el demócrata Armando Walle, calificó la iniciativa como "la cima de la intrusión por parte del gobierno en los individuos de Texas".

Asimismo, el doctor Scott Pear, de Planned Parenthood de Texas, criticó la "problemática ley" por el uso "de los ultrasonidos para fines políticos"

Llegan los megapastores

En España el sacerdote católico está perdiendo influencia entre sus fieles, en cambio son los pastores protestantes –algunos de ellos- quienes dominan las congregaciones locales. Son los grandes, los megapastores, los superpastores. Un clan surgido en las populosas ciudades de Hispanoamérica a imitación de sus correligionarios norteamericanos.

Imitando la figura del sacerdote católico, se alzan como intermediarios entre el cielo y la tierra. Los miembros de las iglesias no dan un paso sin consultar al pastor, al que tienen en un pedestal. Ellos se erigen en auténticos dictadores. Dominan las iglesias. Se hacen temer. Quienes no estén de acuerdo con ellos es que tienen al diablo y los expulsan.

En casos menos graves los someten a disciplina. A imitación del Vaticano y de los Testigos de Jehová, montan una estructura piramidal: El de abajo ha de rendir cuentas al de arriba y todos a él, el de más arriba, el todopoderoso.

Sin excepción alguna, éstos superpastores ponen un interés especial en las finanzas. Exigen de sus miembros el máximo. Quien no da es un mal cristiano y queda fichado. En Estados Unidos y en la América hispana levantan verdaderos imperios económicos. Ellos administran el dinero y no explican dónde ni cómo se invierte. Cuando lo hacen manejan las cifras de manera que sus barullos parezcan verdades definitivas.

Ya lo hemos dicho: Han llegado a España con su dulzón acento sudamericano, centroamericano, caribeño. Están entre nosotros. Al Protestantismo español, educado en la nobleza de hombres y mujeres que dieron su vida por la grey, que jamás se sirvieron de ella, que sufrieron penurias económicas y padecieron en alma y cuerpo, estos superpastores le están haciendo mucho daño.

Y le harán más. La ingenuidad del evangélico español es incapaz de percibir las malas artes. Al contrario. Son recibidos a corazón abierto y poco a poco llegan a tributarle culto. Sin quererlo ni saberlo.

Existe abundante material escrito y en DVD donde se instruye a los miembros de las congregaciones cómo debe ser un pastor, cuáles son sus funciones y cuáles sus limitaciones.

Nos acercamos o estamos viviendo ya los tiempos anunciados por Jesucristo cuando se levantarán falsos profetas y a muchos engañaran. Los creyentes españoles han de tener los ojos abiertos, la voluntad firme, contundente el rechazo, pronta la respuesta.



Autores:Juan Antonio Monroy

viernes, 4 de marzo de 2011

Adebayor, otro jugador de fe protestante del R. Madrid


En una entrevista para la BBC, tras el atentado terrorista a la selección de Togo en la Copa de África de fútbol de 2010, Adebayor comentó "Yo soy cristiano", explicando cómo su fe en Dios se vio reforzada en medio de aquella terrible experiencia.

El atacante togolés explicó el momento en el que su autobús fue ametrallado durante más de 15 minutos. "Mataron a nuestro conductor, no había nadie para manejar el bus. Era como si hubiésemos estado viviendo en un sueño. Me quedé en estado de `shock", declaró tras lo ocurrido. "Todos los jugadores, cada uno, estaban llorando, pidiendo a sus madres, llorando por teléfono, diciendo sus últimas palabras porque pensaron que morirían", comentó.

El mismo envió un mensaje a su madre para decirle que iba a morir en el ataque terrorista, que ocurrió mientras el autobús en que viajaban entraba en Angola para disputar la Copa de África de fútbol. Adebayor no murió aquel 8 de enero de 2010, pero además del conductor- dos de sus compañeros fueron asesinados. Y la experiencia y sus cicatrices –afirma- son profundas en su alma.

Adebayor, dice el diario El País de su presentación como jugador del Real Madrid, «interpretó la firma de su contrato como una señal de la providencia. "Éste es un nuevo comienzo para mí", dijo. "Vengo a disfrutar. Estoy firmando por el mejor club del mundo un año después de haber estado al borde de la muerte. El 2010 empezó muy mal para mí y 2011 empieza muy bien. Ojalá todo quede atrás. Gracias a Dios todavía estoy vivo. Sólo pienso en jugar mi fútbol. Con la gracia de Dios".»

Este pasado 28 de enero, fue entrevistado en el Larguero (Cadena SER) y a pesar de su fama de díscolo dio toda la apariencia de buen chico (eso sí, reconociendo su fuerte carácter, especialmente dentro del campo), sin rencores con el Manchester City, donde apenas ha jugado tras una brillante estancia previa en el Arsenal.

UN PROTESTANTE EN EL R. MADRID
Algo que reconoce en la entrevista marca toda su trayectoria personal es su experiencia con Dios. Ya desde pequeño, porque hasta los cuatro años no pudo andar bien y su madre le llevaba a una iglesia protestante, confesión cristiana a la que pertenece. Curiosamente, empezó no sólo a caminar sino a correr cuando le pusieron en los pies un balón de fútbol en la puerta del templo al terminar un culto. El afirma que fue un milagro.

Al ser preguntado por José Ramón de la Morena en la entrevista de la SER sobre si era católico, responde claramente: “No, protestante”.

En esto coincide con Kaká, “el otro evangélico” del Real Madrid. En su fe y en la convicción de que en un momento determinado fue Dios quien les dio la posibilidad de jugar al fútbol como profesionales superando un grave problema de salud (en el caso de Kaká fue un accidente con afectación vertebral).

ENTREVISTAS DE 'EL LARGUERO'
Emmanuel Adebayor, a punto de cumplir 26 años, llega cedido del Manchester City con una opción de compra por parte del Real Madrid. Pueden ver aquí la entrevista completa en video a Adebayor en la Cadena SER, de la que le ofrecemos un resumen a continuación (y en este link y al final de la noticia, tienen la entrevista en video, resumida con los temas que se refieren a su fe y su experiencia personal).

- ¿Por qué no jugaba ahora en el Manchester City?
- Realmente es difícil de explicar, pero cada entrenador tiene su forma de ver las cosas [dice en relación al técnico del City, Roberto Mancini]. Nuestra visión del juego no coincidía, pero yo he hecho todo lo que podía en cada momento y lo que se esperaba de mí. Le deseo lo mejor y mucha suerte.

- ¿Se despedirá de sus compañeros?
- Por supuesto. Tenía una buena relación con todos y haré lo posible para pasarme por la mañana por el vestuario. Para mí son como hermanos. Si no me da tiempo a despedirme allí me pasaré por sus casas. Quiero hacerlo con Mancini y con los jugadores.

- En Inglaterra ha tenido fama de ser un jugador polémico, ¿es así?
- Bueno, quizá sea cierto. Pero lo importante para mí es ganar partidos. En un equipo, como en cualquier familia, las personalidades son diferentes. Cada uno es como es. Las emociones, a veces, sobrepasan lo demás y me dejo llevar. Pero tengo claro que estoy para ganar y lo haré.

- ¿Y ha cambiado? ¿Ha escarmentado y se ha hecho más moderado por lo que ha ocurrido?
- Estoy muy tranquilo. He tenido una hija hace poco y eso me ha cambiado mucho. Además, en enero del año pasado sufrí un ataque terrorista y casi pierdo la vida. Eso también influyó para cambiar.

- ¿Es cierto que cuando era niño casi no podía andar?
- Es una historia emocionante. Cada vez que lo recuerdo me cae alguna lágrima. Mi madre me contó que casi no podía andar y me llevaron a los países vecinos de Togo para buscar una solución. Estuve una semana rezando en una iglesia de Acra y hasta el domingo no volví a andar.

- He leído que le tiraron una pelota y, al llegar cerca, se levantó y salió corriendo a por ella.
- Exacto. Estaba esperando en la iglesia, había gente jugando al fútbol y yo me levanté a por pelota.

- ¿Fue un milagro?
- Podemos decir que fue un milagro. Yo no empecé a andar hasta los cuatro años, cuando lo normal es hacerlo al año o a los dos como muchísimo, pero después hice una buena carrera en el mundo del fútbol. Ahora, gracias a Dios, me dedico a eso, que es lo que me gusta.

- Es un hombre muy católico. ¿Fue por esa historia de la iglesia, cuando comienza a andar?
- No, soy protestante. Lo importante es tener fe en Dios. Cada uno tiene el suyo y yo sé que existe.

- El otro acontecimiento que marca su vida, como recordaba, es el ataque terrorista que sufrió la selección de Togo para disputar la Copa de África en Angola. ¿Cómo lo recuerda?
- Nos traumatizó a todos y se me pone la piel de gallina cuando lo recuerdo. De hecho, el día 8 de enero me llamaron muchos amigos porque se cumplía un año y estuvimos rezando en memoria de los difuntos. Fue un momento de pánico, 32 minutos en los que nos ametrallaron y estuvimos entre la vida y la muerte.

- ¿Con quién va a vivir en Madrid?
- Mi mujer y mi hija, de dos meses, se quedarán en Inglaterra unos meses porque siempre es difícil dejar una ciudad y una casa. Pero acabarán viniendo conmigo para ver todos mis partidos.

BIOGRAFÍA DEPORTIVA
Emmanuel Adebayor nació el 26 de Febrero de 1984 en Lomé, capital de Togo. Cuando tenía 15 años, represento a su Selección en un Torneo Mundial Sub. 17 en Suecia 1999. Allí fue descubierto por los ojeadores del FC Metz.Viajó a Francia y se incorporó a dicha institución, en la que transitó las categorías menores desde aquellos 15 años.

Ascendió al primer equipo del Metz para la temporada 2001-2002, y en la 2002-2003 en la segunda división francesa deslumbró gracias a su metro noventa y gran velocidad con sus zancadas. Anotó 13 goles en 34 encuentros y fue sin dudas la figura del Metz.

Al finalizar la temporada su equipo ascendió a la máxima división pero él, en la 2003-2004, fichó en por el Mónaco donde jugó muy buenas temporadas.Después del Mundial de 2006 –buen torneo con Togo aunque no pasaron de ronda-, llegó a la Premier League. Adebayor arregló contrato con el Arsenal inglés, a cambio de 7 millones de Libras, con el sueño de ser el Drogba de Chelsea. De ahí pasó al Manchester City, donde no ha tenido apenas minutos esta temporada.

jueves, 3 de marzo de 2011

NO LLORES MAS


Deja que el Maestro te consuele a través de su Santo Espíritu , deja que el Médico de Médicos sane las heridas que hay en tu alma, deja que Jesús el Rey de Reyes ponga su Mano de Poder y sane esa llaga que durante tanto tiempo te ha hecho llorar. Si hasta este día vivías llorando por cosas que te tocaron vivir, oremos a Dios. Padre Nuestro que estás en los cielos en este momento me rindo a ti y me humillo, Dios yo me aferro a tu palabra y no lloro más por aquello que perdí, no lloro más por esa herida porque creo que tú me sanas en este momento en el Nombre Poderoso de Jesús, Amén.

lunes, 11 de octubre de 2010

¿Por qué?


Dios , porqué permitiste que esto sucediera.....
Es el reclamo general. Es la verbalización de un dolor que se siente tan absurdo como injustificado.
Hay un libro por ahí del Dr. Dobson que se llama "cuando lo que Dios hace no tiene sentido" me acuerdo que una amiga me lo prestó en mis días negros.

Porqué el cancer, porque el sida, porqué los asesinatos, porqué los atentados terroristas, porqué hay bebés inocentes que padecen tanto....
Cuando el dolor golpea nuestra vida, como un látigo que abre surcos sin piedad en el alma, los porque se van amontonando, y un sentimiento de injusticia agrava la pena.

Buscar respuestas no calmará el dolor.
Confiar en Dios, sí.
Recibir al Señor en nuestra herida, sí.
Abrir al Señor nuestro corazón y nuestro sentir, sí.

Para aquellos que confiamos en el Señor . Cuando la hora amarga llega, simplemente esperamos en El, sin pretender respuestas, sino confiando que otra vez, El calmará las aguas, ordenará al viento que amaine, restaurará el corazón, y nos abrazará con Su Gracia infinita.

Otra vez,. una y otra vez, El, ciertamente lo hará.


Cuando nosotros juzgamos algo de injusto, lo rotulamos así desde nuestro sentido de justicia, totalmente limitado . Dios ve la eternidad, y obra Su voluntad para ello, nosotros escasamente vemos unos metros, podemos descansar, En que El hará lo mejor, y a su tiempo, ha prometido que todo vendrá a Su perfecta Justicia.

"No os toca a vosotros saber los tiempos o las razones, que el Padre puso en su sola potestad." Hechos 1:7


"Porque ¿quién entendió la mente del Señor?. ¿O quien fue su consejero? " . Romanos 11.34


"Porque de El, y por El , y para El, son todas las cosas. A El sea la gloria por los siglos. Amén." Romanos 11.35-36

domingo, 5 de septiembre de 2010

TODO TIENE SU TIEMPO


Eclesiastés

Capítulo 03

3:1 Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
3:2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado;
3:3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar;
3:4 tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;
3:5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar;
3:6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar;
3:7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar;
3:8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.
3:9 ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana?
3:10 Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.
3:11 Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.
3:12 Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida;
3:13 y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor.
3:14 He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres.
3:15 Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.
3:16 Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí impiedad; y en lugar de la justicia, allí iniquidad.
3:17 Y dije yo en mi corazón: Al justo y al impío juzgará Dios; porque allí hay un tiempo para todo lo que se quiere y para todo lo que se hace.
3:18 Dije en mi corazón: Es así, por causa de los hijos de los hombres, para que Dios los pruebe, y para que vean que ellos mismos son semejantes a las bestias.
3:19 Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros, y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.
3:20 Todo va a un mismo lugar; todo es hecho del polvo, y todo volverá al mismo polvo.
3:21 ¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?
3:22 Así, pues, he visto que no hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo, porque esta es su parte; porque ¿quién lo llevará para que vea lo que ha de ser después de él?

sábado, 14 de agosto de 2010

Hay una belleza escondida que Dios ha colocado en cada tiempo


Mientras el mundo envia señales inequivocas del final de su historia, puedo recostarme en la bendita esperanza, que pronto, el tiempo de la canción llegará, y entretanto llegue, mi espíritu puede viajar y traerme aliento, desde la estación del cielo donde mora la eterna justicia y el Abrazo del Padre.

"Porque he aqui, ha pasado el invierno,
Se ha mudado, la lluvia se fué;
Se han mostrado las flores de la tierra,
El tiempo de la canción ha venido.
Y en nuestro país se ha oído la voz de la tortola"
Cantares 2.11-12

domingo, 20 de junio de 2010

Islamistas en Marruecos utilizan Facebook para perseguir a cristianos


Cristianos de Marruecos alertan que extremistas musulmanes marroquíes alientan al Gobierno para perseguir a los cristianos y utilizan las redes sociales como Facebook y Twitter para exponerlos y vilipendiarlos.

Un ejemplo es el usuario Gardes Maroc Maroc que ha expuesto 32 publicaciones con imágenes con docenas de cristianos conversos, llamándolos "evangelistas hienas" o "lobos con pieles de cordero" que buscan "sacudir la fe de los musulmanes." Las publicaciones en este perfil están en árabe y convergen con la ley anti-proselitismo de Marruecos, que prohíbe los esfuerzos para "sacudir la fe de los musulmanes".

En las imágenes expuestas se presentan a cristianos convertidos con información detallada de sus familias, sus trabajos, donde se congregan, sus direcciones e incluso con anécdotas que se utilizan para calumniarlos.

En algunas imágenes se agrega el texto de "marroquíes convertidos en hienas" al referirse a cristianos nacionales.

Desde marzo de este año, el gobierno de Marruecos ha expulsado a más de 100 cristianos extranjeros por "proselitismo" sin tiempo suficiente para que los afectados pudiesen coordinar su salida.

A la par se ha desatado una campaña nacional para vilipendiar a los cristianos en Marruecos. Más de 7.000 clérigos musulmanes han firmado una comunicado denunciando las labores de las organizaciones cristianas base de "ayuda al terrorismo religioso", según ha informado Compass Direct.

En su perfil de Facebook, Gardes Maroc Maroc pide a las autoridades marroquíes que investiguen a los padres adoptivos de los niños de la aldea de Ain Leuh, que se encuentra a 50 kilómetros al sur de Fez. Allí se asegura que cristianos locales, bajo las órdenes de "misioneros extranjeros", están tratando de adoptar a esos niños para que sus esfuerzos cristianos no queden "en vano".

Desde que se inició la expulsión de cristianos en Marruecos, la situación de los cristianos locales se ha vuelto muy tensa. Algunos cristianos han sido interrogados por las autoridades policiales quienes se mofan de su fe e incluso han pronunciado amenazas de encarcelación e incluso de ejecución.

domingo, 13 de junio de 2010

Creer en Dios


Con la puesta en marcha de las campañas publicitarias a favor de la opción atea, se abrió en su día un interesante debate que dejó a muchos con una inquietud permanente.





Quizás la mejor forma de evitar la realidad que a cada uno, más tarde o más temprano, puede tocarnos vivir (y no hablaré de las abducciones por no liarla más de lo debido), sea aparcar el tema en el maremágnum de las hemerotecas, como se ha hecho, así el descanso de algunos puede ser temporalmente relajante hasta que descubran por si mismos alguna que otra divinidad personal que les satisfaga más que el mismísimo Dios creador; no sea que quede algo por descubrir y se lleven una sorpresa en su, también, supuesta eternidad.

Esto tampoco sería muy novedoso ya que entre la colección de dioses que tenían los griegos existía una figuración dedicada al dios no conocido, es decir, por si acaso quedaba algo más.

Y en relación con esto, el ser humano ha echado mano de un invento un tanto sorprendente y que ha resultado el más peligroso de los conocidos. Me refiero a la religión. Este hecho, tan antiguo como los orígenes de la humanidad, ha sido un venero mortífero, una droga destructora que se ha revestido de santidad, para parecerse al único Dios y frenar los más bajos sentidos humanos.

Este fenómeno religioso ha generado tal conflicto en las sociedades del pasado y del presente, que ha llevado a la mentalidad humana a intentar ser ateos y no creer en nada.

Las religiones han buscado, con éxito, someter a sus seguidores a sus propios deleites, y dichos adeptos han identificado esas prácticas humanas con Dios, creando un modelo propio y llegando a una episteme errónea. Bien es cierto que no hace falta ser muy inteligente para rechazar creer en un Dios vengador, destructor y sobre todo oscuro y distante del pueblo, pero es una tragedia que lleguemos a lo que hemos llegado, es decir, decidirnos por algo que ni por asomo hemos conocido.

Lo que motivó esta reflexión con todos ustedes ha sido un contacto por las redes sociales en Internet que en el apartado de creencias manifestaba “creo en Dios a mi manera”.

Y aunque muchos puedan sentirse identificados con la misma, la frase me recuerda a Frank Sinatra. Con todo respeto a las opiniones, no me parece la mejor forma de creer en Dios, puesto que hay muchas posibilidades de que esa no sea la forma en la que haya que creer.

¿Y cual es la forma se preguntarán algunos?. Esa fue la misma pregunta que le hizo un miembro del Sanedrín a Jesús de Nazaret, de nombre Nicodemo y la respuesta resultó inconcebible para el erudito judío: “Nacer de nuevo”. Ese nuevo nacimiento supone conocer a Dios personalmente y decidir libre de ataduras, de ritos y religiones.

Ese nacimiento solo proviene de creer en Dios y de aceptar la obra de la cruz.

El gobierno de Marruecos destroza la vida a los cristianos marroquíes» según un testigo directo


MADRID, 07/06/2010 (eMision.net/ProtestanteDigital.com)


Antonio García (nombre ficticio) lleva seis años colaborando con proyectos sociales en beneficio de personas carenciadas en Marruecos. Ahora no puede explicarse por qué las autoridades de ese país expulsan sin juicio previo a los cooperantes cristianos y acosan a los creyentes nacionales, y pide oración por unos y otros.


Aunque es de sobra conocido si diera su nombre auténtico la prudencia le lleva a no revelarlo. Teme que sus vecinos musulmanes –vive en Andalucía- lo denuncien en la mezquita y la próxima vez que quiera entrar en Marruecos la frontera esté cerrada para él.

Antonio García (seudónimo) fue a Marruecos en febrero de 2004 junto a otros cristianos, llevando ayuda humanitaria para los damnificados por el terremoto que sacudió la región del Rif, afectando especialmente Alhoceima y alrededores. “Las pequeñas casas de adobe se derrumbaron, hubo centenares de muertos y muchísimas familias quedaron sin vivienda. Aún hoy algunas de ellas habitan en tiendas de campañas”, relata a emision.net

En aquel momento, los cooperantes españoles quedaron sorprendidos al escuchar de boca de estos campesinos rifeños expresiones de agradecimiento. “Los cristianos vienen a ayudarnos”, decían. “Eso llegó a nuestros corazones y a partir de aquel día nos planteamos la posibilidad de ayudar a tantas personas necesitadas como hay en Marruecos, un país de contrastes donde algunos ostentan grandes riquezas y otros son extremadamente pobres”.

LOS CRISTIANOS MARROQUÍES
Al comenzar a trabajar, el grupo conoció a otros cooperantes de fe cristiana. “En efecto, hay muchos cooperantes haciendo una labor social extraordinaria. O mejor dicho: había muchos cooperantes, porque ahora han expulsado a una gran cantidad. Conocimos asimismo a los líderes de la iglesia local quienes también hacen una obra social tremenda y ahora están sufriendo bastante”, expresa con pesar.

Como es sabido, desde marzo del presente año, el gobierno de Marruecos ha expulsado a más de cien cooperantes cristianos, casi todos evangélicos, e incluso a un empresario español, sin haber cumplido en ningún caso el procedimiento legal correspondiente. El tema ha saltado por fin a la palestra y los medios de comunicación se están haciendo eco de las protestas ante el gobierno marroquí. Pero poco se ha hablado de lo que sucede con los creyentes locales, los marroquíes que han abrazado la fe en Cristo.

“He estado allí hace dos semanas y la verdad es que la situación es muy pesada. Te sientes como si fueras un criminal. Por ejemplo, cuando quieres hablar con un cristiano marroquí, lo primero que él hace es quitar la batería de su móvil porque la policía podría escuchar la conversación. ¡Imagínate! Das catorce mil vueltas para poder verte con alguien porque son perseguidos por las autoridades. Por la mañana llegan los militares en sus casas para registrarlas y hacerles interrogatorios; al medio día reciben a la Policía local para volver a interrogarlos; por la noche aparece nuevamente la Guardia Nacional para registrar la casa en busca de una Biblia en árabe, para acusarlos de proselitismo. Están pasando una situación realmente complicada y es algo que se debe denunciar desde aquí porque se está hablando bastante de los cooperantes cristianos extranjeros -y hay que hacerlo, evidentemente-, pero los cristianos marroquíes están sufriendo mucho”, afirma.

Antonio no puede explicar qué está ocurriendo. “No sabemos cuáles son los motivos reales han llevado al gobierno marroquí a tomar estas medidas. Desde hacía más de veinte años no había una situación como esta. El padre del rey actual sí llevó a cabo una persecución brutal que casi hizo desaparecer –o al menos aislarse- a la iglesia nacional marroquí, pero Mohamed VI había mantenido hasta ahora una relativa tolerancia. De repente se ha desatado esta ola represiva y nadie se explica por qué. No sabemos si hay motivos políticos o económicos; a los cristianos nos corresponde orar por nuestros hermanos que están allí dentro”.

De una cosa está seguro: “Ahora Marruecos tiene dos opciones: o se radicaliza o abre la mano y da tolerancia y libertad religiosa. Tendrá que decidir una cosa u otra, no podrá mantenerse como está”, afirma.

HECHOS CONCRETOS
“El gobierno de Marruecos está intentando arruinar la vida de los cristianos marroquíes, está quitándoles los pequeños negocios que puedan tener, está queriendo expulsarlos de los trabajos, está llevándolos a las comisarias. Por ejemplo, un hermano me comentó que lo tuvieron dos días en una comisaría sin que su familia supiera dónde se encontraba. Otro me dijo que tiene tanto miedo que no se atreve a conducir porque cree que le van a provocar un accidente”, explica Antonio.

En cuanto a los cooperantes, normalmente no son amenazados. “Simplemente la policía se presenta en la casa y les comunica que deben salir del país en 24 o 36 horas. Estuve hace dos semanas con una cooperante en una ciudad importante, y puedo decir que ella está en un estado de depresión porque sistemáticamente han ido expulsando a sus compañeros. Tiene miedo, la están vigilando y ella lo sabe, y también sabe que de un momento para otro pueden avisarle que tiene que salir. Una situación angustiosa”, afirma el cooperante español.

REACCIÓN INTERNACIONAL
Holanda fue el primer país que levantó su voz para protestar por las expulsiones, en marzo pasado. “Herman, uno de los directores del orfanato Villa de la Esperanza, que fue donde comenzó todo esto con la expulsión de los 16 cooperantes a cargo, es holandés. Estas personas estaban cuidando a estos niños como si fueran hijos suyos, al precioso. Herman se ha movilizado mucho, ha dado conferencias por medio mundo y el embajador de Holanda en Marruecos también se ha movilizado, incluso ha estado hace diez días en el orfanato, hablando con los niños”.

Al hablar de de los niños de Villa de la Esperanza, en Ain Louh, Antonio se conmueve. “Lo que ha ocurrido con estos niños ha sido terrible, han separado a padres de hijos. Estos cooperantes llevaban allí diez años y hay niños con esa edad que no conocen a otros padres sino a ellos, y no han tenido otros hermanos. Cuando la policía estuvo allí, estos niños, que son huérfanos o abandonados, les preguntaban: `¿Por qué nos robaís a nuestros padres?` Es algo incomprensible para ellos”. Allí se ha instalado gente del gobierno en el orfanato y ellos no entienden qué está ocurriendo”, relata.

Otra de las embajadas que reaccionó muy pronto fue la de Estados Unidos. De hecho, parte del orfanato de Ain Louh fue construido con una donación de la embajada estadounidense. “Estos dos países han protestado enérgicamente desde el principio y creo que también lo están haciendo la mayoría de los países de donde provienen los cooperantes expulsados, y ahora también España” dice Antonio.

Ante la expulsión de cerca de 40 estadounidenses, el congresista Frank Wolf ha pedido que Estados Unidos suspenda la ayuda económica que otorga a Marruecos. “Este tipo de medidas son las que van a frenar las expulsiones. Marruecos ahora tiene que tomar una decisión, o se radicaliza o abre la mano. No sabemos qué ocurriría con las ayudas que está recibiendo de Estados Unidos o la Unión Europea, el gobierno de Marruecos seguramente sabía que todo esto iba a tener una repercusión a nivel mundial porque son cooperantes del mundo entero los que están expulsando”, afirma Antonio, agregando que es necesario hacer presión. “Todo lo que sea alzar la voz y denunciar, va a llegar. Las entrevistas, los artículos, todo lo que se publique en España pasa a través de la embajada marroquí y llega directamente a Rabat”.

¿INVERSIONES EN PELIGRO?
A criterio de este cooperante, las inversiones extranjeras en Marruecos podrían estar en peligro, si quienes han invertido son cristianos. “Marruecos emprendió hace unos años una campaña muy importante para captar el turismo europeo y se han creado urbanizaciones de lujo que están siendo compradas por españoles, franceses, alemanes e ingleses. ¿Qué ocurriría si comienzan ahora a expulsar a turistas porque sean cristianos? Si empiezan a embargarles las casas… porque el orfanato de Ain Louh ha sido embargado sin ningún tipo de juicio”.

Uno de los últimos casos de expulsión ha sido el de un creyente que tiene un negocio en Marruecos y al volver de un viaje de negocios a Melilla le impidieron la entrada, por lo que va a perder su pequeña empresa, que es su forma de vida, y ahora tiene que sacar a su esposa y sus hijos del país. “¿Cómo se reedifican estas vidas que pierden casi todo en estas condiciones? Hay que preguntarse qué va ocurrir con las inversiones de empresarios extranjeros. Si tú has montado allí una fábrica, un negocio, ¿ahora cuando llegues a la frontera te van a decir que por ser cristiano no puedes entrar y te van a expropiar todo? Esto no cuadra, no es lógico. Si nos callamos, harán lo que quieran. Pero si levantamos la voz, a Marruecos no le quedará otro remedio que respetar”, concluye.

¿COMO AYUDAR?
Llegado a este punto, cabe preguntarse cómo ayudar a quienes están padeciendo persecución en Marruecos. “El gobierno ahora mismo está intentando arruinar la vida de los cristianos marroquíes y los está dejando sin trabajo, sin medios para sobrevivir”, afirma Antonio. Por ello, propone que los cristianos de España ofrenden mediante una cuenta creada específicamente para tal fin y que “alguien de reconocido prestigio pudiera llevar esta ayuda”.

Otra manera de ayudar es orando. “Creo que los cristianos en España debemos tomar conciencia de lo que está ocurriendo con la iglesia clandestina, la iglesia perseguida. Nosotros lo hemos padecido en nuestra carne y eso no ha acabado, simplemente se ha desplazado 14 kilómetros de la península (desde Ceuta o Melilla son solo unos metros). Esto puede servir a los cristianos españoles, evangélicos y no evangélicos a tomar conciencia de lo que está ocurriendo, que están persiguiendo a nuestros hermanos simplemente por su fe, esto es muy grave”, insiste Antonio.

SEMBRANDO EL MIEDO
Para ilustrar mejor la realidad que se vive en Marruecos en estos momentos, el cooperante relata el caso de una mujer cristiana a la que su marido musulmán la estaba golpeando por no ser islámica. “Ha tenido que salir de la casa con sus hijos porque el marido la iba a matar. Se ha refugiado en casa de otro cristiano y a éste lo han denunciado por secuestro y por querer convertir a los niños a la fe cristiana. Hay montones de casos de este tipo. Es algo absurdo y que paraliza porque produce miedo”, expresa.

En otro caso, la policía fue al lugar de trabajo de un cristiano. “Ha pedido a todos los compañeros que firmen un documento pidiendo que él salga de ese lugar. Luego le informaron que tiene que dejar ese trabajo porque sus compañeros no lo quieren allí. Esto es tortura psicológica”, afirma.

En cuanto a si esta situación afecta también a los católicos, Antonio cree que no. “Cuando todo esto comenzó, en marzo, el obispo de Rabat declaró al prensa que ellos se mantenían al margen de cualquier cosa que pudiera ocurrir con los evangélicos. Afortunadamente -entre comillas- han expulsado a un franciscano de Larache y por eso han comenzado los católicos españoles a protestar. Ellos tienen mucho poder y tal vez eso motivó que Moratinos se esté expresando ahora en los términos en que lo está haciendo. Creo que habrá ayudado esta expulsión para que España presione un poco más”, concluye Antonio García, un español que lleva años cruzando el Estrecho de Gibraltar para brindar ayuda a los más necesitados. Como cierre de la entrevista dice: “Los cristianos en Marruecos nos están necesitando, necesitan nuestro apoyo”.

sábado, 22 de mayo de 2010

Rabat expulsa a cristianos extranjeros acusándoles de proselitismo

21/05/2010 | Actualizada a las 15:48h | Internacional

Rabat. (EP).- El Gobierno de Marruecos ha expulsado desde el pasado mes de marzo a alrededor de un centenar de cristianos bajo la acusación de haber hecho proselitismo entre los musulmanes, según informó el ministro de Asuntos Islámicos, Ahmed Tufiq, quien justificó estas medidas por la necesidad de impedir "enfrentamientos religiosos".

Entre los afectados figura un ciudadano español, Francisco Patón Millán, expulsado la semana pasada. Las expulsiones comenzaron el pasado mes de marzo y muchos de los expatriados eran cooperantes humanitarios. "Estos incidentes han sido provocados por el activismo de algunos extranjeros que estaban socavando el orden público", declaró el ministro de Donaciones Religiosas y Asuntos Islámicos en una entrevista ofrecida ayer jueves por la noche a Reuters.

"Algunos de ellos ocultaban su proselitismo y su activismo religioso bajo la apariencia de otras actividades", agregó. La última expulsión fue la del español Francisco Patón Millán, director de una pequeña compañía energética a quien la semana pasada se le ordenó abandonar el país por intentar convertir al Cristianismo a los musulmanes, según informaron fuentes eclesiásticas y diplomáticas europeas.

Según Tufiq, Marruecos tiene interés en fomentar el respeto y la coexistencia entre las religiones, pero también desea "proteger su unidad religiosa". "Marruecos quiere impedir un enfrentamiento o un conflicto entre religiones", aseguró. "No hay necesidad de que los creyentes de una religión conviertan a los creyentes de otra", agregó. "La guerra entre religiones es muy peligrosa y el mundo no tiene necesidad de eso", prosiguió. "¿Qué prefieren los cristianos? ¿Un puñado de marroquíes convertidos o el orden y la calma entre los marroquíes, impermeables a la intromisión foránea en su fe?", se preguntó.

Fuentes humanitarias y diplomáticas occidentales han asegurado que hasta 70 cooperantes extranjeros fueron expulsados a principios de marzo por intentar convertir a los musulmanes, pero el Gobierno sólo ha reconocido oficialmente 16 expulsiones. El diario de inclinaciones islamistas 'Attajdid' informó ayer jueves de que las autoridades habían ordenado la semana pasada la expulsión de 23 extranjeros en el marco de una más amplia oleada de deportaciones.

Los musulmanes constituyen el 99 por ciento de la población de Marruecos, pero hay libertad de culto para los seguidores del cristianismo -en su mayoría extranjeros- y del judaísmo -unos pocos miles de habitantes autóctonos-. No obstante, el intento de convertir a los musulmanes a otras religiones constituye un crimen en Marruecos que se castiga con penas de hasta seis meses de cárcel, pero en el caso de los extranjeros las autoridades prefieren optar por la expatriación para impedir escándalos internacionales.

Antes de este año, Marruecos había expulsado ocasionalmente a algunos misioneros, en su mayoría pertenecientes a iglesias evangélicas de Estados Unidos. El Rey de Marruecos tiene la consideración de Comendador de los Creyentes (Amir al Muminine) y, por ello, la última palabra en materia espiritual.

domingo, 28 de febrero de 2010

¿Quién vació las iglesias?

Alfonso Ropero, España


La formación de un mito: el modernismo, causa de la deserción de la fe

Casi desde los primeros años de mi conversión (hace ya más de tres decenios) vengo reflexio­nando sobre el alejamiento progresivo, en especial de la juventud, de ese camino y forma de vida enseñados por Jesús. ¿Por qué algo tan precioso y trascendental es rechazado tan masiva y ligeramente? En mis días de estudiante de teología en Inglaterra escuché repetidamente una razón que casi me convence. La culpa, se decía con variados matices pero igual contenido, es del llamado «liberalismo» o «modernismo» teológico. Todos los males que afligen al protestantismo ac­tual se debían a una única causa: a la disección racionalista de las eternas verdades de la Palabra de Dios practicada por los profesores de los seminarios liberales. Y como estos lo ponían todo en duda, ya no se podía seguir creyendo en nada. El liberalismo echaba a pique las antiguas e inconmovibles verdades del Evangelio. Lo que parecía historia se calificaba de mito, las enseñanzas contenidas en la revelación eran meros préstamos tomados del entorno cultural. Al desaparecer el elemento histórico y sobrenatural del cristianismo, la versión liberal proponía una nueva reforma en los conceptos y contenidos de la fe, centrados casi única y exclusivamente en un solo credo: la Paternidad divina y la Hermandad de todos los hombres. Si es esto lo que se predicaba desde los púlpitos, entonces era natural que la gente perdiera el temor de Dios y el interés por la salvación eterna, y acabara por abandonar las iglesias y el cristianismo en definitiva.

Es incuestionable que la Alta Crítica sometió la Biblia a una lectura imposible, los mas atrevidos, deslumbrados por la reciente ciencia de las religiones comparadas, sólo veían leyendas copiadas de Egipto o Mesopotamia. En el afán de descubrir rastros mitológicos se llegó a equipar los doce hijos de Jacob con los doce signos del zodiaco. Es cierto que la relectura del cristianismo a la luz de la modernidad, con sus parámetros de racionalidad y análisis científico, hicieron tambalear la fe de muchos, pero de ahí a pretender que el descreimiento gene­ralizado de las masas y el abandono de las prácticas religiosas se deban a esa y única causa, de corte académico, que muchas veces no salía de los centros elitistas y casi esotéricos de algunas instituciones teológicas, es otorgar una capacidad de cambio a las instituciones educativas que, generalmente, no tienen. Las academias reciben más que crean. Las novedades intelectuales y teológicas suelen ser resultados, no causas, de transformaciones sociales, de las que ellas se hacen eco y a las que aportan el aparato técnico de la reflexión y análisis. Son los cambios sociales los que convienen analizar con seriedad, son ellos los que mueven, primero lenta e imperceptiblemente la historia, que después son conceptualizados por los intelectuales, los académicos y los especialistas.

Es decir, que las «novedades» teológicas, por más revolucionarias que parezcan al reducido círculo de los dedicados a ellas, son más productos que agentes de cambio, síntoma que una realidad social, de un cambio de mentalidad o actitudes, cuyas raíces hay que buscar en una serie de factores políticos y económicos que poco a poco van cambiando la sociedad de un modo irreversible. De repente parece que cambian las formas de ver la vida, de actuar y hasta de sentir. Los síntomas más manifiestos son las barreras generacionales, la extrañeza que una generación experimenta respecto a otra.

Por eso, y dicho desde el principio y sin rodeos, me parece irresponsa­ble y casi suicida señalar al «modernismo» teológico como la causa de la incredulidad y de la indiferencia religiosa. Seguir repitiéndolo con ciega insistencia por el espacio de un siglo sólo contribuye a empeorar las cosas. Es un caso semejante a aquellos que, desde otro bando, pontificaban que todos los males de la sociedad moderna, a saber, la secularización de la política, la negación del dogma, el rechazo de la autoridad, el terror provocado por la revolución francesa y al endiosamiento de la razón, se debía a la ruptura de la Iglesia producida por el rebelde Lutero en el siglo XVI. Temo mucho que, desgraciadamente, los hijos de la Re­forma han asumido y hecho suyo el mismo espíritu reaccionario que sus padres tuvieron que confrontar y refutar. Pero en este mundo mediocre y sin interés por comprender la realidad en su totalidad, siempre es más sencillo lamentarse y buscar «chivos expiatorios» que encarar la verdad con realismo, honestidad y rigor.

El debate que planteamos en este escrito no se trata de una mera cuestión de pura teoría, de bizantinismo académico, es algo mucho más serio y más grave, nos afecta «cristianamente», pues pone en cuestión nuestro sistema educativo, nuestra pastoral y nuestra misión en la sociedad actual.

Y lo primero que hay que averiguar no es quién se equivoca o se ha equivocado para cargarle la culpa de la miseria de nuestros días; la cuestión primera es una puesta en práctica de lo que aprendemos en ética evangélica aplicado al análisis de nuestro mundo, que Cristo viene primero que todo a salvar y no a condenar, y esto en todos los órdenes de la vida, la vida intelectual incluida. Recurrir al «modernismo» como un fácil expediente explicativo de todos nuestros males, no es sólo un acto de ignorancia, sino de culpable pereza intelectual, que se contenta con lo más fácil en lugar de perseguir lo mejor y más correcto. El error en la emisión de juicios causa daños a todas las partes, no soluciona nada, y, por si fuera poco, nos deja en una peor situación que la anterior, frustrados y enfrentados unos a otros, dando palos de ciego.

¿Qué se entiende por modernismo, o por liberalismo, o por como quiera llamarse cualquier intento de expresar la fe en un lenguaje diferente al tradicional? ¿Qué adelantamos con arrastrar un trauma de nuestros padres, cuya realidad que lo produjo ha dejado de existir? La tentación demoníaca consiste en atribuir a otros las causas de nuestros propios males, de evitar así el examen y reflexión sobre nosotros mismos y el juicio de Dios que nos interpela a preguntarnos sobre nuestros propios caminos, a abrir las ventanas para que entre la luz antes de fijarnos en la mota de polvo en el cristal ajeno.

Que las iglesias evangélicas euro­peas se encuentran en un estado de decadencia numérica nadie lo duda. Pero que la causa de esa desertización cristiana en nuestro continente se deba esencial y principalmente a los nuevos métodos interpretativos y analíticos de la llamada teología liberal es una cuestión abierta al debate. Debate sobre cuestiones académicas pero no académico. Sería una pérdida de tiempo imperdonable enredarnos aquí en frívolas cuestiones de erudición histórica y de hermenéutica. No se trata de eso, sino de algo mucho más práctico. Y más vital. Es una cuestión ineludible de enorme trascendencia para el presente y futuro de nuestras iglesias.

Me permito hacer una distinción previa entre evangélicos y «evangelicalismo», y protestantes y «protestantismo», ya que es entre los primeros que surge principalmente la polé­mica antimodernista. No sólo se ori­gina en ellos, sino que se mantiene a lo largo de los años con el mismo vigor con que se inició, pese al tremendo cambio de situación y signi­ficación de la escena mundial y ecle­sial. Por evangelicalismo quiero sig­nificar esa expresión del cristianismo que carga toda la fuerza de su acento en la experiencia de conversión o nuevo nacimiento, que acepta de buena fe en un credo simple y dogmático sacado de una interpretación litera­lista de la Biblia. Respecto al mundo exterior, manifiesta evi­dentes muestras de impaciencia hacia la cultura y todo lo que tiene que ver con la sociedad secular, sea política, economía o arte. Su génesis histórica la podríamos fijar en el siglo XVIII con los avivamientos de Whitefield y Wesley, aunque su ori­gen es la Reforma misma. Es una versión del cristianismo reducida a sus elementos más mínimos y simples. El protestantismo, por contra, parte también de la importancia de expe­riencia del nuevo naci­miento, por la que el cre­yente sabe por fe que Dios le perdona y le declara justo, pero en ningún modo re­chaza todo lo bueno, todo lo positivo, todo lo relevante que pueda aportar la cultura secular, la academia y las ciencias. No es anti-intelectualista, aun­que sí crítico de la cultura, por amor a la misma, y siempre en nombre de la verdad evangélica y en espíritu de amor y respeto.


Y el «liberalismo», ¿qué es el liberalismo? Bueno, simplificando bas­tante, el liberalismo teológico repre­senta ese movimiento, o estado de ánimo intelectual, que surge del en­contronazo con el nuevo tipo «ilustrado» de pensar que rechaza lo divino-sobrenatural y, en concreto, el recurso a la autoridad de la tradición —eclesial, bíblica, social— para diri­mir asuntos del conocimiento y que se acoge a la autonomía de la razón ilustrada por la filosofía y la ciencia modernas. Kant lo expresó con con­cisión: «Atrévete a hacer uso de la razón.» Éste es el lema y el pro­grama que marca un cambio revolu­cionario en el pensamiento y en la actitud occidental. Los hombres de la Ilustración recurren a la autori­dad última y definitiva de la razón para pasar revista crítica a las creen­cias recibidas mediante la autoridad bí­blica o eclesial y declaran nulas e in­servibles todas aquellas que no pue­dan pasar el riguroso examen de la razón. Los teólogos que responden al desafío de la Ilustración desde el interior de sus premisas lógicas y racionales son los teólogos liberales. Inglaterra amortiguará el impacto del nuevo pensamiento ilustrado gracias al avivamiento evangélico de Whitefield y los Wesleys, que trans­forma la sociedad en gran medida, y que comunica a la fe un celo irrefre­nable, cifrado en la formación de sociedades misioneras y la creación de sociedades filantrópicas de todo tipo. Este tipo de cristianismo se podrá permitir el lujo de ignorar durante un siglo el cambio revolucionario producido en la cultura por la filosofía ilus­trada, pese a que las ideas antitrinitarias y deístas se habían infiltrado en buen número de ministros pres­biterianos y anglicanos.


Alemania, por contra, después de su retraso cul­tural provocado por las guerras de religión, se levanta hacia la cumbre de la filosofía europea, con pensadores de primer rango como Kant, Fichte, Hegel, Herder. Kant había sido educado en un pietismo riguroso, pero no muy ineficaz. La teología, como estudio y repuesta humana a la auto-revelación divina, no pudo vivir de espaldas al tre­mendo y siempre nuevo desafío cultural y dio lugar a nuevas ver­siones de la fe de corte decidida­mente liberal; es decir, apartándose sensiblemente de la interpretación tradicional recibida en los Credos y Confesiones de fe de la Iglesia. Con el descubrimiento de ese nuevo mé­todo de entender la realidad, la Biblia y al hombre mismo, se co­metieron muchos excesos y provo­caron la reacción de muchos evan­gélicos que tendrán a Alemania por cuna del liberalismo y «apostasía» de la fe.

No hace mucho que Carl E. Braaten, uno de los teólogos luteranos más destacados en la escena estadounidense, se preguntaba por que colegas tan importantes como Jaroslav Pelikan, Robert Wilken, Jay Rochelle, Bruce Marshall, Reinhard Huetter y Mickey Mattox, abandonan el luteranismo para unirse a otras iglesias. Y señalaba una causa: “el atolladero que algunos han llamado el Protestantismo Liberal”. ¿Qué se entiende aquí por Protestantismo Liberal? Según Braaten es una “piedad vacía”. La iglesia convertida en una especie de club de clase media y personas mayores en un ambiente de incredulidad general y nulo testimonio. De ser así, el problema habría que buscarlo más en el “corazón” que en la cabeza, y afecta más a la práctica que a la teoría. ¿Por qué no hablar simple y llanamente de Escepticismo? Pues es de escepticismo y no de liberalismo de lo que se trata. Es el escepticismo el que se viste de liberalismo para justificarse a sí mismo, pero creo que son cosas bien distintas. Nuestros discursos siguen a nuestros hechos.

Sin embargo, el evangelicalismo no se para en distingos, para él todos son iguales; los que estudian con rigor y ciencia la Biblia, que los que niegan su autoridad; los que viven de una forma consecuente con su fe, que los son indiferentes a la misma. Enemigo de lo que ignora, culpa y rechaza a las academias y seminarios teológicos.

Es cierto que en las grandes tradiciones protestantes mu­chos vivien su fe de modo problemático. Se sienten perplejos, la fe senci­lla declina por todas partes, aumenta el ateísmo y la indiferencia. Por eso, los más tradicionalistas —o quizá más comprometidos— llaman a un decidido retorno a los funda­mentos, a los viejos y seguros cami­nos de antaño frente a las novedades apóstatas del modernismo. Los libe­rales se defienden acusando a su vez a los tradicionalistas de no haber sabido adaptarse a los nuevos tiem­pos.1 Si en lugar de haber reaccionado nega­tivamente, con condenas –la mayoría de las veces de parte de una minoría ruidosa- se hubiera continuado en la línea de la comprensión y el compromiso con la verdad del Evangelio según la Escritura, seguros de que su garantía última reside en Dios y no en la débil defensa humana se habrían evitado muchas rupturas y derroche de energías, que era necesario haber empleado en otros frentes. Muchos pastores y líderes cristianos de fines del siglo XIX y comienzos del XX «optaron» por la «solución modernis­ta» para detener el éxodo de los fieles hacia el mundo, que se venía produciendo desde hacía, por lo menos, un siglo; éxodo que ellos no habían provocado con sus prédicas «novedosas», sino que ya estaba ahí, dado por la nueva situación económica de la sociedad industrial, la que les provoca a ellos a intentar detener la hemorragia de fugas desde una perspectiva cristiana, pero relevante, acorde a la exigencia de los nuevos tiempos. En su versión más noble y original el liberalismo fue un intento de devolver a la fe su relevancia ética, espiritual y cultural, en medio de una sociedad que había llegado a creer que Dios no ofre­cía ninguna salvación digna de ser aceptada.2

Juzgada por su intención antes que por sus resultados, la teología liberal fue un esfuerzo tremendo, aunque errático, por ofrecer una respuesta a la Ilustración y a la cultura que ésta alumbró. No podemos entender la teología modernista sin ad­vertir que su interlocutor no era el miembro fiel y dócil de las iglesias; por lo general en los debates intervenían académicos descreídos y filósofos desligados de la fe. La Ilustra­ción marcó el final de la alianza entre el cristianismo y la inteligencia occiden­tal, aunque a efectos sociales y políticos la religión haya venido siendo privilegiada por los Estados hasta hace bien poco. Allí comenzó un nuevo clima de opiniones y sentimientos que poco a poco iban a ir ganando las clases populares. Los evan­gélicos tienen que darse cuenta de esta realidad si quieren emplear más y mejor sus facultades espirituales e intelectua­les. Podríamos hacer una crítica extensa y detallada de los fallos del liberalismo, de sus contradicciones y evidente falta de sentido religioso, pero lo que ahora nos interesa es tomar conciencia de nuestras propias faltas y, reconociéndo­las, emprender el camino de su en­mienda.

El fallo esencial del liberalismo, dicho no por sus detractores, fue la pérdida del sentido de lo sagrado, de la potencia divina, que aún sigue tarando mucho del pensamiento prote­stante. Mircea Eliade, refiere en su dia­rio cómo el protestantismo liberal pre­fiere «un simple hombre y una serie de hechos históricos.» Los teólogos protes­tantes se avergüenzan de Dios»,3 pero todo esto y las críticas y reflexio­nes que podríamos hacer al respecto, no quita el coraje y el valor que representa estudiar de nuevo la Escritura y repensar la propia comprensión de la misma a una luz diferente. La experiencia mo­derna ilustrada aportó datos irrefutables que no se podían inognorar. «Si son reales, lo que se impone es “verlos”, dejando que cuestionen nuestra concepción de Dios, para que la modifiquemos en lo que sea necesario. No se trata de modificar la fe en Dios, y mucho menos de modificar a Dios. Repitamos: Se trata sólo de modi­ficar nuestras ideas acerca de Dios, nuestra imagen de Dios. Igual que no se trataba de negar que la Biblia sea Palabra inspirada, portadora de revela­ción, sino de revisar nuestra concep­ción de lo que son la inspiración y la revelación.»4 «Resistirse sistemática­mente a toda crítica puede parecer celo por la gloria de Dios, pero, de ordina­rio, indica el narcisismo de quien no quiere renunciar a las propias concep­ciones y la inseguridad de quien no se atreve a abrirse al proceso inacabable de “dejar a Dios ser Dios”, exponién­dose a que, una detrás de otra, se le vayan rompiendo sus imágenes.»5

Hasta el día presente los resultados de la teología liberal y de la alta crítica se siguen aduciendo como causas di­rectas de la destrucción de la autori­dad bíblica como Palabra de Dios y del gran crimen perpetrado contra la Iglesia y el mundo.6 «El liberalismo no es cristianismo», decía J. G. Machen en los años veinte del siglo XX, es otra religión, es puro paganismo. Las Iglesias protes­tantes se dividen, se denigran los se­minarios de teología como aulas de impiedad e incredulidad. Se fundan colegios bíblicos con la intención de anular los manuales de teología moderna y poner en su lugar única y exclusivamente la Sagrada Escritura. Al futuro candidato al ministerio evan­gélico le bastará un conocimiento básico y con­servador de la Biblia, y, si es posible, con un gran acopio de citas de memoria. Otros, hasta abandonan los colegios bíblicos, como A.W. Pink, y se bastan a sí mismos con la sola Biblia y sus propias luces y recursos.

El evangelicalismo y su progenie han resultado ex­pertos en controversias y divisiones que, empezando con los liberales, conti­nuó con los propios compañeros de campaña antimoderna y ter­minó en una guerra de todos contra todos, buscando cada cual por su cuenta ser más fiel a los «fundamentos» del Evangelio que el resto. Es una ley universal, fatal: la sospecha y la suspi­cacia desplazan la confianza; materializan sus propios temores. Una escatología triunfalista da lugar a otra derrotista. En este ambiente, lo único que se espera es la inmediata Segunda Venida de Cristo como solu­ción infalible a tanta impiedad y apostasía. No se advierte que ese espíritu de polémica es culpable directo de la debilitación de la fe en medio de la sociedad. Según el Dr. Stewart Lawton, un observador de la Inglaterra de 1650 probablemente no hubiera concebido una alternativa via­ble al calvinismo como forma futura de la religión, hasta tal punto estaba arraigado el calvinismo en los púlpitos y en las universidades. Sin embargo, en menos de la mitad de un siglo, esa teología iba a desaparecer de la escena pública, junto a buen número de grupos y partidos. «Hubo muchos motivos para este notable giro de acontecimientos, pero uno de ellos fue sin lugar a duda que la gente se cansó de tantas controversias sobre temas como la predestinación.»7

Hoy la historia se repite y cuando el evangelicalismo parecía que iba a ga­narlo todo —en lo que se refiere a la escena norteamericana— lo pierde por discusiones bizantinas que no guardan relación con los intereses en juego en la sociedad moderna. Polémicas irritantes que neutralizan el pensamiento y suici­dan los mejores espíritus del evangeli­calismo, que se marchan o mueren aislados; a lo que hay que añadir los escándalos y la corrupción debida a tanto espíritu de superficialidad y ordinariez mental, espiritual y doctrinal.

La Inglaterra victoriana del siglo XIX reunía todas las condiciones para pre­senciar el triunfo evangélico en la na­ción. Las iglesias británicas, aún a principios de siglo XIX, vivían de las rentas de los avivamientos del siglo anterior. La manera evangé­lica de ser era una forma encomiable en la sociedad de la época. Las llamadas iglesias “no conformistas” (ajenas a lazos con el Estado y la Iglesia anglicana), crecían en número, en poder y en influencia, con colegios y academias de prestigio. Muchos políticos acudían puntualmente a los sermones dominicales de los grandes predicadores evangélicos. Pero, al final de la centuria, cuando se cierra el siglo y se entra en el XX, la mayoría de la población pasa de ser una de la más religiosa a la más indiferente. Es por esa época cuando la teología ale­mana y la alta crítica comienzan a intro­ducirse en los seminarios teológicos bri­tánicos, tanto estatales como indepen­dientes. Cunde la voz de alarma. Se buscan culpables. Se señalan las “nuevas ideas” venidas del continente. Charles H. Spurgeon, creyendo que el modernismo se había infiltrado en las iglesias de la Unión Bautista se sale de la misma. Es el período de la Downgrade, que anticipa las controversias que el evangelicalismo va a sostener contra el liberalismo, y se atribuye a Spurgeon un don profético, pues, aunque él se equivocó en este punto, y se quedó solo, sin de nadie, depresivo hasta su muerte prematura. Pero quienes le ensalzan como un héroe de la verdad conceden que, si bien es cierto que en sus días aún no se había introducido la «apostasía» en los seminarios, como él pensaba, ya estaban en germen las semillas que llevarían a la apostasía y que él supo ver con anticipación. Sin embargo, lo único cierto es que el gran predicador londinense se precipitó en su ruptura y sir­vió de justificación a muchos otros que vendrían tras él. Él puso la semilla de la discordia y de la sospecha y, si en rigor, esa semilla ya estaba ahí, él la plantó y le dio alas. Todavía hoy muchos se amparan en el precedente de Spurgeon para justificar sus divisiones. Mediante semejantes acciones el mundo evangélico iba a verse mermado y mi­nado por fisuras internas, incapaces de comprender que la atmósfera espiritual de los tiempos había cambiado y, por tanto, ineficaz a la hora de hacerle frente, de presentar una alternativa de existen­cia humana a la luz de la Palabra de Dios.

Pero esto era lo que los evangélicos se negaban a reconocer: la transformación política, económica y religiosa de la sociedad y, por tanto, la necesidad de repensar la fe en vistas a la nueva situación. Darwin, los movimientos so­cialistas, la idea del progreso, habían entrado en escena; como después lo ha­rían el psicoanálisis, el existencialismo y el secularismo ideológico. La Segunda Guerra mundial representa un giro decisivo en todos los órdenes de factores. Las Igle­sias protestantes de Europa sufrieron un revés del que desde entonces no se han recupe­rado. Algo había cambiado, y mucho. Acusar unilateralmente al liberalismo te­ológico es una falta de responsabilidad: Un pecado de idolatría que no quiere someter su «imagen» de Dios, cons­truida, según se cree, de materiales di­rectamente extraídos de la cantera bí­blica, a la «imagen» de Dios que proyecta la luz de la revelación de Dios.

Veamos algunos ejemplos tomados de la vida de las iglesias británicas para probar de un modo gráfico lo que aquí se mantiene.

En la pequeña y remota isla de Lewis, en las tierras altas de Escocia, renombrada como el punto más bendecido de Escocia en lo que se refiere a sano testimonio evangélico, todo parece marchar como siempre, desde que su nombre fuera aso­ciado al avivamiento del año 1828, cuando toda la isla fue despertada de su formalismo y superstición gracias a la predicación de Alexander Macleod. Tres denominaciones presbiterianas pro­veyeron con sus púlpitos la enseñanza religiosa en la más pura tradición refor­mada. Nada de liberalismo ni alta crítica en sus iglesias. De 1938-1939 tuvo lugar el último avivamiento del que se tiene noti­cia en Escocia. Pero Europa había entrado en gue­rra. Muchos jóvenes fueron llamados a filas. Jóvenes llenos de fe y entusiasmo, vírgenes tocante a coqueteos con el libe­ralismo o la ilustración. La vuelta a casa fue desoladora, no habían pasado por el «virus del modernismo académico», pero traían consigo el descreimiento y la frialdad religiosa. Dejaron de asistir a las iglesias, de creer en las enseñanzas de la Biblia. ¿Qué había ocurrido? «Muchos regre­saron con un vacío espiritual en sus vi­das, confundidos y desconcertados por lo que habían visto en Europa y en otras partes.»8 La guerra había alumbrado un nuevo mundo, un mundo de horror, soledad y desesperación. La deducción que sacará la teología posterior es que Dios murió en las trincheras europeas, en los campos de exterminio como Auschwitz, de tal modo que hoy tenemos una teología pre y post Auschwitz. Pero, incluso en este ejemplo, la teología fue a remolque de la sociedad. Se limitó a levantar acta de un hecho social: la perdida absoluta de la fe, del sentido de la vida y de la providencia divina en las trincheras, ante el fuego enemigo y los horrores de la guerra, guerra en la que saltaron por los aires las ideas de humanidad, progreso, religión, patria, solidaridad.

La notable Misión de Fe escocesa envió a sus hombres, «peregrinos», según se les conoce, a la isla de Lewis a predicar el Evangelio. Todo el mundo sabía que se trataba del viejo Evangelio, el Evangelio que les había reconfortado y ganado sus corazones en años anteriores, pero ahora muy pocos, si alguno, tenía interés en el mismo. Los intrépidos misioneros de fe, con la misma dedicación e idéntica fide­lidad doctrinal, se encuentran con las puertas cerradas allí donde antes se les abrían con generosidad y abundancia. No habían cambiado ellos, ni por efecto del liberalismo ni por la alta crítica: había cambiado la sociedad. «En la actualidad los peregrinos en Escocia e Inglaterra tienen que sembrar la semilla —si es que se les presta atención—, antes de que se pueda pensar en una cosecha”.9 Es evidente que el acercamiento a la gente desde el Evangelio tiene que circular por otros cauces.

Consideremos otro caso paradigmático. Me refiero a William Lax, ministro me­todista en Poplar, Londres, evangélico conservador, y que llegó a ser elegido alcalde de la ciudad. En defensa de la memoria de sus buenos años de for­mación teológica en un seminario de su denominación (1892), sale al frente de los que se sienten traumatizados por los «estragos» liberales, y les dirige estas palabras llenas de jovialidad: «Confórtese quienquiera que tema que la corrup­ción modernista ha afectado a nues­tros jóvenes predicadores. Los colegios son casas de evangelismo así como de estudio.»10

Al comenzar el siglo XX el metodismo inglés se encontraba en una especie de éxtasis espiritual: «Cristo triunfa. Res­piramos una atmósfera cargada de fer­vor. El celo y la devoción se encuen­tran en el punto máximo de acción, esperando el momento de extenderse por todas partes. Las conversiones es­tán al orden del día.» Un domingo sin conversiones era un fenómeno extraño. Los predicadores parecían estar fundi­dos con el Espíritu Santo en un mismo ser. Los llamamientos a nacer de nuevo eran irresistibles. Pero de repente, en cuestión de años, algo cambia. Las escenas de conversión ya no son tan frecuentes como antes. ¿Ha dejado el Espíritu de Dios de actuar en los corazones? se pregunta. ¿Ha sufrido la naturaleza humana una transformación tan radical? «Ciertamente —responde— algún cam­bio sutil pero tremendo ha tenido lugar en la actitud mental y la consideración del mundo por la Iglesia durante la última generación. Es tan general y tan completo que ninguna acusación gene­ral de apostasía puede colocarse en la puerta de la Iglesia. Porque nunca hubo más auténtica ansiedad que ahora entre los seguidores de Cristo de ver extendido el Reino de Dios; y cara al mundo hay una determinación cris­tiana más grande que antes.»11

Las iglesias fieles contemplan que la infi­delidad avanza pese a la reduplicación de sus esfuerzos y lo genuino de su celo. El problema aparte de estar den­tro, está fuera y se precisa una nueva estrategia para darle solución. William Lax apunta a un factor que siempre ha sido el talón de Aquiles del evangelica­lismo: su fragmentación, su falta de unidad y coordinación. Su disposición y prontitud a separarse de un grupo para fundar otro nuevo por cuestiones la mayoría de las veces triviales. Este es el pecado por excelencia del evangelicalismo. Haber elevado al nivel de obli­gación cristiana lo que es a todas luces un pecado grave denunciado en las Escrituras: el cisma, el espíritu divisionario, justificado como «deber de separación», sobre la base de unos textos bíblicos desconectados de su con­texto y en abierta oposición al tenor general de la Escritura. Es el resul­tado: es el caos y la corrupción de la fe, tanto moral como intelectual. Este es uno de los graves problemas que se escabullen tras la pantalla de celo por causa de Dios, en cuya denuncia del liberalismo y sus efectos negati­vos se cierra los ojos a la propia apostasía, a los males internos. «Quiero ver iglesias más eficaces en Gran Bretaña —escribe Lax—. Pero no hay duda de que las iglesias van a atravesar un tiempo difícil. Vivimos en una época de agnosticismo insidioso. Las cosas materiales y mundanas reclaman la atención de las masas. Comparado con hace cuarenta años, las iglesias han perdido terreno». El problema es que trabajamos aislados, no en oposición unos a otros, ciertamente, pero apenas si hay unidad entre nosotros; estamos demasiado ocupados con nuestros asuntos priva­dos. La mayoría de nuestros esfuerzos se desperdician. Necesitamos unirnos más, cerrar filas y avanzar hombro con hombro. ¿Qué no se puede llevar a cabo con un Evangelio como el que Cristo nos ha confiado? No nos equivoquemos. Inglaterra ne­cesita a Cristo más que nunca, aun­que no sea consciente de ello. El mundo entero necesita el Agua de Vida.12 El «evangelicalismo» hace aguas no por culpa del liberalismo o modernismo, sino por su propia in­capacidad de ofrecer respuestas a la cultura, a la sociedad moderna y también por la ausencia de hombres notables entre sus filas, de personas de fe, devoción y sabiduría que, desde la Escritura y la experiencia creyente, sepan responder las pre­guntas que realmente hay que responder.

La fe cristiana vivida a conciencia, con el corazón y la mente, nunca ha sido popular ni mayoritaria. Soren Kierkegaard decía que no se encuentra un caballero cristiano a la vuelta de cada esquina. No hay que engañarse respecto al pasado y una ver­sión más o menos romántica de la histo­ria de antaño y de los grandes avivamientos espirituales pasados. En el siglo XIX había mucha religión en Europa, pero ¿cuánto cristianismo auténtico? Las igle­sias se llenaban, pero ¿por qué causa? ¿Qué atraía a los congregantes? Según un contemporáneo se iba a los cultos para disfrutar de la elocuencia del predicador. «La mayoría de los predicadores popula­res no procuraban tanto convencer como discutir un tema de un modo maestro y elocuente y pasar un “buen tiempo”».13

El púlpito dominaba la vida social de la era victoriana y la gente comentaba en la barbería el sermón del domingo como hoy se pueda hacer respecto al fútbol o la política. Los predicadores eran antaño el equivalente de los modernos ídolos del cine, o del deporte, o de la política. Muchos iban a «paladear» un buen ser­món, de ahí la perniciosa costumbre de cambios frecuentes de membresía eclesial en búsqueda de un lugar cómodo y de iglesias que no eran centro de comunión y servicio responsable a la comunidad y desarrollo de los dones de Dios, sino centros de predicación con una mínima expresión de vida comunitaria y cutual. Versión antigua y precedente del consumidor moderno que alegremente pasa de un supermercado a otro por el gusto de la compra. Era de esperar que cuando el nuevo mundo de la comunicación y del espectáculo se introdujera en los hogares en virtud de la técnica, la fe de muchos se enfriara y desapareciera, porque nunca la hubo. Culpar al liberalismo teológico de semejante vacío es una tontería suprema. Siempre es más cómodo y menos com­prometido sentarse en casa delante de un aparato de radio o de una televisión y elegir entre los programas el mejor. Los con­servadores perdieron la batalla en sus propias iglesias, delante de sus narices. Otros, que tienen a sus iglesias por más dignas y más serias, en cuanto represen­tan una tradición teológica más elabo­rada y una liturgia responsable sin técni­cas de espectáculo, pasan por alto el daño producido por las controversias en torno a las proposiciones a creer y los supuestos errores a evitar, en lugar de cuidar la comunión personal de los cre­yentes en Cristo y el pleno desarrollo de sus dones espirituales y facultades natu­rales en el arte, la ciencia y la vida pública. Es fácil culpar a los demás de nuestras propias carencias y de nuestras faltas. Piensa el pobre que el rico lo es a su costa, pero no siempre es el caso.

Muchos liberales tuvieron al menos el coraje de salir a la calle y entrar en las universidades para encontrarse con el hombre del mundo,14 mientras que el evangelicalismo lamentaba las pérdi­das e intentaba detenerlas ensanchando aún más la sima que los alejaba del mundo de la cultura y producía más bajas todavía, cerrando fatalmente el círculo de la frustración y la impotencia. El resultado iba a ser catastrófico en todos los niveles. Dejada la cultura a su propia suerte, los hijos propios de la iglesia se iban a encontrar abandonados a su vez a su suerte, sin referencias ni puntos de apoyo en qué sostenerse, de naufragio en naufragio tan pronto entraban en contacto con el mundo moderno en las escuelas y universidades. Las iglesias creían que cerrando puertas y ventanas evitarían el veneno del liberalismo y del moder­nismo, y lo que hacían era asfixiar a sus mismos hijos y verse, por tanto, huérfano de ellos.

El evangelicalismo cayó en la trampa del sectarismo. Orgullosos de su sana doctrina, inmaculada y virgen antes, en y después de su parto dogmático, lo único que quedaba era consolarse de que «entre los pequeños grupos religiosos podemos en­contrar un puerto seguro para el evange­licalismo».15 Semejante manera de interpretar la historia de la Iglesia cede a la tentación derrotista que ve mermada en su minoría sus prejuicios escatológi­cos sobre la inmediatez del fin del mundo como respuesta divina a la apos­tasía general de la Iglesia. Mientras tanto estas iglesias último refugio y bas­tión de la ortodoxia, se desgarran inter­namente por cuestiones mínimas y asun­tos secundarios. Incapaces de ofrecer una nueva interpretación de la doctrina, quizá por miedo a caer bajo sospecha de herejía se enredan en cuestiones domés­ticas que debilitan aún más la conciencia y el número del «remanente». De modo que se sana el cuerpo al costo de su vida, muy en sintonía con aquellos médicos sangradores de antaño. Si fuera cierta la leyenda que asegura que los liberales vaciaron las iglesias lo contrario también tendría que ser cierto, a saber, que los conservadores las llena­ron. Pero la triste realidad es que las iglesias más estrictas en su doctrina y política eclesial, como los Strict Baptist (Bautistas Estrictos), fueron los que mas pérdidas experimentaron en el periodo de entreguerras (1918-1945). La vuelta a la «ortodoxia» de muchos púlpitos, de nin­gún modo supuso la vuelta de la feligre­sía, porque no era una cuestión de orto­doxia versus heterodoxia, sino de algo mucho más profundo y difícil: un cambio de mentalidad propiciado por los nuevos medios de producción, por la revolución industrial, el acceso de las masas al consumo, el avance de las ciencias en todos los campos.

Ese tipo de iglesias –refugio y puerto de la sana doctrina– comenzó a desarrollar una hostilidad abierta contra el estudio académico y a la misma labor teológica a la que se hacía culpable de todos los males. La oposición a la teología, ya en general y sin discriminar, llevó irreme­diablemente a la imperdonable supre­sión de ministros y pastores competentes al frente de las comunidades, lo que incidía negativamente en el crecimiento de las mismas. En las Iglesias Bautistas Estrictas, reducto y bastión de la «ortodoxia» calvinista, se produjo un vacío pastoral rellenado por predicadores itinerantes, que sólo como medida de emergencia podía justificarse, con la consiguiente paralización de toda la vida cristiana, ya en el orden espiritual ya en el intelectual. «La ausencia de liderazgo pastoral se debe contar entre las mayores deficiencias de la época. Algunas veces diáconos obstinados, a menudo el único miembro masculino, asumía un liderazgo dictatorial... cuya ambición era aferrarse a su posición y autoridad contra el llamamiento a un pastor».16 La casa hacía goteras por todas partes. Pero en lugar de ponerse a repararlas debidamente se permitía la indulgencia de acusar ciegamente a los seminarios teológicos de ser focos infectados por el liberalismo. «El resultado fue que, durante varias generaciones, las iglesias buscaron pastores mala­mente formados.» Muchas congrega­ciones dejaron de existir.17

Sobra decir que el paroxismo antili­beral, o antí lo que sea, desvía la atención de la realidad y produce un mecanismo de autodefensa costoso e inservible por cuanto el enemigo está dentro y no fuera de casa. No olvidemos la advertencia de la Escritura que dice: «Es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios» (1 Pedro 4:17).

No se puede ni se debe usar el liberalismo, o cualquier otra etiqueta, como un arma arrojadiza para eliminar lo que disgusta o no se entiende. No es prudente, ni es critiano.

En busca del Reino

A lo largo de la historia de los conflictos militares siempre se ha presentado un obstáculo que los combatientes no han podido superar: la oscuridad. Por más encarnizados que hayan sido los combates durante el día, con la caída de la noche los beligerantes no encuentran otra alternativa que cesar sus acciones. Nadie puede combatir contra un enemigo invisible.

Tristemente, sin embargo, los avances tecnológicos de las últimas décadas han permitido descubrir la forma de resolver esta dificultad. Los binoculares de visión nocturna, los cuales captan espectros de luz infrarroja que no pueden ser percibidos por el ojo humano, permiten ver a otro ser vivo aun en una noche completamente cerrada. Lo que, hasta el momento, permanecía invisible, ahora se puede ver.¡Nuestro buen Padre celestial está más interesado que nosotros en dar a conocer el Reino a sus hijos! La analogía resulta útil para entender el concepto del Reino, uno de los temas que más abordó Jesús en su ministerio. Los discípulos experimentaban la misma dificultad que nosotros frente a la enseñanza sobre el Reino. Pensaban que el Maestro se refería a un lugar geográfico, a un sistema político similar al de los reinos de este mundo. Cuando llegó a Jerusalén, «ellos pensaban que el reino de Dios iba a aparecer de un momento a otro» (Lc 19.11). Aun cuando la partida de Cristo era inminente, ellos seguían aferrados a la misma idea: «¿Restaurarás en este tiempo el reino a Israel?» —le preguntaron (Hch 1.6).

No obstante su insistencia, Jesús claramente les había enseñado que se trataba de una realidad enteramente diferente a lo conocido. «Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí» (Jn 18.36). Ante el pedido de los fariseos de que les indicara el tiempo de la llegada del Reino, él declaró, categóricamente: «el reino de Dios no viene con señales visibles» (Lc 17.20).

A pesar de esta característica, Jesús entrega, como resumen de sus enseñanzas sobre el Reino, una exhortación que no podemos ignorar: «Busquen primero el reino de Dios y su justicia» (Mt 6.33). Cabe, entonces, la pregunta: ¿Si el Reino no puede ser visto, cómo hemos de conocerlo?

La única forma en que podemos resolver este dilema es si entendemos que las referencias al reino de los cielos son referencias a una realidad espiritual. De hecho, el apóstol Pablo señala que «el reino de Dios no es comida ni bebida, sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo» (Ro 14.17), que «no consiste en palabras, sino en poder» (1Co 4.7). «Lo que se corrompe no puede heredar lo incorruptible» (1Co 15.50)

La diferencia esencial entre los reinos de este mundo y el reino de Dios es probablemente lo que motivó a Jesús a convertirlo en uno de los temas centrales de su enseñanza. La palabra «reino» se usa 156 veces en el Nuevo Testamento, pero casi 80% de esas referencias provienen de la enseñanza de Cristo. Mediante el uso de sencillas historias de la vida cotidiana buscó la forma de tornar visible la realidad de un gobierno invisible para la mayoría de las personas. El Reino se refiere a algo mucho más grande que el conjunto de seguidores que han sujetado su vida al señorío de Cristo. ¿Qué verdades necesitamos saber nosotros para poder ver el Reino?

En primer lugar, debemos tener siempre presente que el Reino viene a nosotros como un regalo: «No temas, rebaño pequeño, porque vuestro Padre ha decidido daros el reino» (Lc 12.32). Lo escondido del Reino permanece escondido solamente para aquellos que no forman parte de él. «A vosotros se os ha concedido conocer los misterios del reino de Dios, pero a los demás les hablo en parábolas, para que VIENDO, NO VEAN; Y OYENDO, NO ENTIENDAN» (Lc 8.10).

También resulta útil tener presente una advertencia. La religiosidad (es decir, el ejercicio de la vida espiritual divorciada de una relación de amor con Dios) tiende a robarnos la sensibilidad para ver el Reino. «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres, pues ni vosotros entráis, ni dejáis entrar a los que están entrando» (Mt 23.13).

No es necesario que nos dirijamos a un lugar, ni tampoco que estemos en una actividad particular para ver el Reino, «porque he aquí, el reino de Dios entre vosotros está» (Lc 17.21). El reino de Dios se manifiesta de muchas maneras diferentes alrededor de nosotros, incluyendo el cuidado del Padre por las aves del cielo y los lirios del campo. El Reino se refiere a algo mucho más grande que el conjunto de seguidores que han sujetado su vida al señorío de Cristo.

Claramente no son los sofisticados, ni los eruditos, ni los que gozan de un privilegiado intelecto los que podrán percibir el Reino. Más bien, «los recaudadores de impuestos y las rameras entran en el reino de Dios antes» que ellos (Mt 21.31). Los «pobres y los niños» son los privilegiados a la hora de percibir la mano de Dios alrededor de nosotros, porque son poseedores de una sencillez que les otorga una visión sin igual. El llamado a buscar primeramente el Reino es, ante todo, un llamado a devolverle a la vida esa inocente perspectiva que tan escurridiza le resulta al hombre caído.Christopher Shaw

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