sábado, 5 de mayo de 2007

LA SALVACION

? ¿O le preocupa que pudiera, pecar, y perder su salvación? Como cristiano, usted puede estar seguro de la firmeza de su salvación. La seguridad eterna es la obra de Dios que nos garantiza este regalo; una vez que se recibe, no se puede perder. Muchas personas asocian este concepto con algunas denominaciones específicas, pero la seguridad eterna es un principio bíblico. Es una verdad que liberará a las personas de la ansiedad de saber si han sido lo suficientemente buenas para entrar en el Reino de Dios.
La seguridad eterna es algo que no siempre comprendí. Recuerdo que, siendo un adolescente, me arrodillaba junto a mi cama en las noches para confesar mis pecados. Hasta el día de hoy recuerdo lo que sentía al pensar que, de acuerdo con lo que me habían enseñado, yo no era salvo hasta que hiciera esa confesión. La iglesia en la cual crecí enseñaba que era posible perder la salvación, y yo estaba armado de versículos para defender esa posición. A lo largo de la escuela secundaria y la universidad, argumentaba que el pecado podía poner en peligro la salvación de la persona, pero en algún momento de mi vida comencé a dudar de esa posición. A medida que estudiaba la Palabra de Dios y leía algunos de esos versículos en su contexto, mi argumentación comenzó a venirse abajo. Finalmente, entendí que era imposible reconciliar mi creencia de que somos salvos sólo por la fe con mis ideas acerca de la pérdida de la salvación. Una vez que comprendí que mi seguridad eterna estaba garantizada, lo único que quería hacer era alabar al Señor y darle gracias; ya no necesitaba preocuparme por mi salvación. Igualmente, Dios puso en mi corazón la convicción de que mi salvación estaba segura para toda la eternidad desde que fui salvo, a la edad de doce años.
La seguridad eterna nos garantiza que la salvación es para siempre. Las dudas en cuanto a un lugar permanente en el cielo surgen a menudo de un malentendido de lo que enseña realmente la Biblia. Si el pecado se igualara sólo con nuestras acciones, el rescate de la perdición dependería de corregir nuestra conducta. Nos esforzaríamos por mantener una conducta aceptable para satisfacer a Dios y, en consecuencia, para preservar nuestro lugar en el cielo. Pero este esfuerzo constante por agradar a Dios no comprende el sentido de la verdadera salvación.
Nuestro problema básico en cuanto al pecado no es conducta sino de condición. Nacimos con una naturaleza pecaminosa que nos apartó de Dios. En nuestro estado natural, es normal que nos rebelemos contra Él y que tengamos una vida centrada en nosotros mismos. Somos impotentes para corregir esto; cambiaremos la conducta pero no nuestra naturaleza. Y mientras nuestra condición sea pecaminosa nos somos aceptables a un Dios santo. Afortunadamente, Él hizo provisión para nosotros enviando a Su Hijo a morir, cargando con todo el castigo por nuestros pecados, pasados, presentes y futuros. Puesto que nuestro problema de pecado es por nuestra condición, ninguna buena conducta podrá salvarnos. Cuando recibimos el regalo de Jesucristo como nuestro Salvador, Él entra en nuestras vidas y nos convierte en nuevas criaturas con una nueva naturaleza (2 Corintios 5:17). Una vez que nuestra condición es cambiada por haber recibido a Cristo, Dios nos sella para la vida eterna, sin tener en cuenta los pecados potenciales del futuro.
Jesús nos prometió seguridad eterna cuando dijo a los líderes religiosos de su tiempo: "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano" (Juan 10:27, 28). Él dijo que sus ovejas no perecerán jamás. ¿Qué más hubo haber dicho para convencer a sus oyentes de que lo que Él ofrece no puede perderse? Note que no dijo: "Nadie las arrebatará de mi mano a menos que, si, o pero..."
Por el contrario, las palabras de Jesús nos recuerdan el poder de Dios: sus hijos no pueden ser arrebatados de Él porque la omnisciencia no puede ser tomada por sorpresa, ni la omnipotencia superada. Ningún astuto ataque de Satanás para tentarnos a pecar puede tener tanto éxito que sea capaz de quitarnos de la mano de Dios.
A veces, la gente dirá: "Espero seguir manteniéndome firme" cuando surge una crisis de fe. En verdad, no hay nada que usted puede hacer para mantenerse firme, ya que la mano omnipotente de un Padre amoroso le tiene en Su mano; su falta de fe en Dios es irrelevante. En otras palabras, no podemos alejarnos de Dios y perder voluntariamente nuestra salvación. Cualquier motivación para dudar o rechazar a Dios viene de Satanás. Su objetivo es lograr que la gente peque contra el Señor. Lo intenta de varias maneras: convenciendo a los creyentes que pueden por sí mismos; sugiriéndoles que la vida les será más fácil si se ven libres de la obediencia al Padre; o engañándoles haciéndonos creer que nuestra salvación peligra. La verdad es que el Enemigo no puede obligarnos a hacer nada; el rechazar a Dios es como cualquier otro pecado por el hecho de que involucra nuestra decisión. Sin embargo, ningún pecado puede separarnos de Dios después que somos salvos, porque hemos sido hechos justos por la sangre de Jesús y sellados por el Espíritu Santo por toda la eternidad.
Aceptar la idea de que los creyentes pueden perder la salvación, exigiría que fueran ciertos dos falsos conceptos: Primero, significaría que Jesús hizo una promesa de vida eterna que no pudo cumplir; y, segundo, que ser salvo y perderse otra vez demostraría que en el mundo hay un poder mayor que Dios. Tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo Testamento afirman claramente que Dios es el poder preeminente del universo, totalmente capaz de darnos nuestra seguridad eterna. "[Jesús] puede salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, intercediendo por ellos" (Hebreos 7:25).
Jesús garantiza la vida eterna, y Él la asegura por medio de nuestra salvación y Su permanente intercesión, yendo al Padre a favor de cada creyente cuando uno de ellos peca. Las referencias a Cristo como intercesor se encuentran en todo el Nuevo Testamento, donde es descrito sentado a la diestra del Padre (Romanos 8:34, Hebreos 10:12, 1 Juan 2:1) Él conoce cada fracaso, cada falta y cada momento de incredulidad, pero cuando Satanás nos acusa de pecado delante de Dios, Jesús está allí mismo para manifestar nuestra justicia basada en Su sacrificio. Toda nuestra deuda por el pecado fue puesta sobre Él, y no seremos juzgados en el tribunal divino por pecados que ya han sido pagados. Hemos sido justificados, es decir, declarados inocentes. No hay un solo versículo de la Biblia que diga que la justificación es temporal. Por el contrario, Jesús hace por nosotros la misma oración que hizo por sus discípulos: "Y ya no estoy en el mundo; mas éstos están en el mundo, y yo voy a ti. Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre, para que sean uno, así como nosotros... No ruego que los quites del mundo, sino que los guardes del mal" (Juan 17:11, 15).
La presencia interior del Espíritu Santo en cada creyente, es el sello de seguridad eterna del Padre celestial. En la antigüedad, un sello era importante por varias razones. Primero, confirmaba la autenticidad. Al darnos el Espíritu Santo, Dios corrobora nuestra salvación por Gracia. "En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa" (Efesios 1:13). Segundo, un sello indica propiedad; la presencia del Espíritu Santo confirma que no somos dueños de nosotros mismos (1 Corintios 6:19). Hemos renunciado a nuestros derechos en favor de la redención hecha por Cristo y de nuestro servicio a Él. Más importante aun, la autoridad de todo documento estaba simbolizada por el sello puesto sobre el mismo. Somos exhortados a no entristecer al Espíritu Santo, pero a pesar de nuestras acciones el sello está firmemente adherido, con base en la autoridad del Padre (Efesios 4:30).
¿Se da cuenta de que Dios sabía que usted fallaría y pecaría repetidamente, pero que Él le ha salvado a pesar de todo? Nadie puede condenar a los hijos de Dios, pero eso no significa que estamos libres de tentaciones. Algunas personas se quejan que la promesa de la seguridad eterna será interpretada como una licencia para pecar y para negarse a reconocer las consecuencias. Como creyente, usted no puede librarse del castigo si vive en pecado. La Biblia dice que, aunque usted será salvo, perderá su recompensa celestial (1 Corintios 3:11-15). No perderá su salvación, pero hay mucho que perder cuando se vive pecaminosamente. El preocuparse porque alguien pueda emplear mal la seguridad eterna como una excusa para pecar, demuestra un enfoque equivocado; es mucho más probable que un creyente sea motivado a obedecer a Dios y seguir sus mandamientos. Cuando más entendemos la Cruz, mayor se vuelve nuestro amor por Jesucristo.
Las obras no son la base del plan redentor de Dios; la fe sí. Puede tener la seguridad de salvación eterna si le dice al Padre celestial: "Padre, reconozco que soy un pecador. Creo que Jesucristo murió por todos mis pecados en el Calvario, y hoy pongo mi fe en Él como mi Salvador personal". Una vez que reciba a Cristo, estará seguro de Su amor por toda la eternidad; tendrá la garantía de un lugar en el paraíso que Él está preparando para los creyentes. ¡La promesa del Domingo de Pascua de Resurrección se ha cumplido!

No hay comentarios:

EL TIEMPO

internautas

contador

online poker

Datos personales

QUE PASES UN VERANO MUY BENDECID@


yahoo

Añadir a Mi Yahoo!

geo

Mapa de los visitantes de Geo

busca


Google
WWW
AQUÍ VA EL NOMBRE DE TU BLOG

ICONO

ICONO

biografia


cristiano.net

La Web Cristiana

blog cristiano

Planeta de Blogs Cristianos

blogdir.com


imagen

AGENTE DE CAMBIO